Soy capitalista, porque compro con capital un bien y servicio que da capitalización y de esta forma estoy capitalizando lo que es naturalmente capitalizable.
El capital no es el demonio, ni es el castigador de esta crisis, no, el capital es una forma de sustento. 
Incluso en épocas antiguas, donde había trueque, ya era una forma de capitalismo porque un bien se cambiaba por otro bien de forma subjetiva. 
El capital, el precio, es la forma de poner objetivamente lo que es subjetivo, un precio a través del cual existe un criterio unificador (Con balanzas de precio y depreciación) para que el común de las personas sepan cuánto, cómo y qué quieren pagar. 
El capital, en sí, está exento de ideologías, en sí mismo no lo es, sin embargo, la utilización fraudulenta sí tiene, como ideología incontrolable, corrupción. 
El capital nos permite poder pagar lo que podemos y si queremos comprar más hemos de trabajar más o luchar más y creer en nosotros mismos para poder alcanzar ese bien y servicio. 
El capital regula el gasto y el movimiento financiero, permite al emprendedor tener una idea y llevarla a cabo, enriquecerse si cabe y justo y lícito. 
Si yo, como capitalista, como emprendedor, tengo una idea que gusta y la gente compra ese producto con lo que me hago rico ¿Quién es para delimitar mi propia forma de hacer negocio? ¿Por qué nadie tiene que controlar lo que la gente sabe y puede controlar por sí mismos? ¿Por qué El Estado ha de intervenir en las ganancias y pérdidas si sólo hay que “Dejar hacer” para que todo vuelva al equilibrio?
No es una cuestión moral, es una cuestión formal, el capital en sí mismo se auto regula porque la propia competencia hace que la gente decida en favor o en contra del producto y su, consecuente o no, subida de precio. 
Es una utopía pensar que la igualdad, las igualdades económicas traen la felicidad y el progreso, es una falacia ya que es la diferencia, las diferentes formas, en libertad, de las decisiones, de ver la vida, las cosas, la que hacen que por sí mismas, el precio, los productos y la productividad vuelva a querer venderse a un precio más cercano. 
Es el capital, lo que producimos, pagamos y vendemos lo que permite, por el conflicto ausente del Consenso Estatal, por la propia lucha del hombre por el hombre lo que regula, equilibra y estabiliza la sociedad, su consumo y sus formas. 

Un abrazo.

Anuncios