… proclamó justicia ante las veleidades de la realidad que la circundaba, así que fue a por pimientos, tomates y macarrones de esos en espiral hechos con varias verduras.
Leyó los ingredientes, esos le valían. 
Total, para quien va a venir a besar mis labios.
(Sonrió para sí)
Iba vestida con falda muy corta, su pelo recién cortado con ese estilo moderno que vio en una revista y le gustaba a lo Cacharel que le costó 25 euros, nada menos.
Total, hay que ponerse guapa de vez en cuando.
Tenía pensado hacer un refrito con bastante ajo, que le gustaba… 
“Nadie me va a besar esta noche”
Pimiento verde, rojo, puerro y una pizca de curry.
Ella pensaba en esos momentos que era un tedio eso de hacerse la comida para comer en un plato, en una mesa, en una cama, para una película y para solo un comensal.
– Es viernes noche y no sé dónde ir.
Mira, total, voy cenada, me echo un par de rones en casa y a diez minutos está “El mojo”. 
Siempre hay un macho que me quiera follar. 
Sin embargo soñaba conque sus pechos fuesen acariciados y no relamidos.
Allá al lado del Alfredo Kraus la invitaron a un porro de maría.
Le apareció sin querer una sonrisa inesperada y bailó mientras Pepe Serna tocaba la guitarra.
Muchos la rodearon, naturalmente, a las primeras horas de la noche no estaba el pescado aún vendido.
Olía a Lancome pero su cuerpo olía a su hembra embriagada.
Siguiente tema, otra copa.
– Paso de todo.
Se le acercaron varios machos olientes a buenos perfumes, los rechazó.
La música sonaba. 
– Paso de todo.
Salía de vez en cuando a mear en la calle, donde nadie la viese.
Luna llena, luna de lobas y lobos.
Se acercaba las cuatro de la mañana, el pescado ya se iba vendiendo.
– Paso de todo. 
Bailaba como una posesa desposeida de posesiones.
Notó que detrás alguien le tocaba el hombro derecho.
Se giró.
La vio.
Nariz grande, labios carnosos, vestido largo, de esos de flores que se había comprado.
– Me gustas, morena. 
Cayó inmediatamente.
Comprendió que su amor tenía las tetas perfectas. 

Un abrazo.

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