… Nací cerca de un barranco
donde no había más Agaete 
que lluvia, agua y arretranco
del venir su vete.
Nací a las orillas del mar
muriendo a su sin sal
azul perenne de cal
y arena sin quebrar.
Nací rodeado de misterios
entre algos amigos ministerios
más que yo, más que sin prisa
supieron verme la brisa
estaba de broma o serio
con más o menos sonrisa.
Nací en un pueblo agradecido
a pesar de sus maldiciones
sus gallos en callejones
y sus permitidos vahídos
Tamadaba en su figura alta
Guallarmina desde San Pedro 
la lluvia de El Valle no falta
en sus caminos, medro.
Allí donde murió la Gran Ola
arrasando toda tierra
fósiles que todo yerra
sujetas en tal piola.
De El Bar Medina 
a la Casa Encantada
mi recurrente medicina
parte de mi manada.
La postrimería de Eurídice 
en el averno sutil
está la tierra de su vil
instante que todo dice.
Hice radio, canté en sus fiestas
arremetí a lo establecido
cruces y duras testas
aún así fui bendecido.
Toqué la guitarra en La Plaza 
a pesar de la guardia
su amenaza
hacía de noche, día.
Crecí en frente de La Iglesia 
4 de agosto que agoto
en esta sinestesia
de ti tan todo roto.
Ahora no toca volver 
porque así me procuro
de todas formas he de ver
cómo de acomodo supuro.
Es hora que desconecte
de todos los que amo
para así serme en aclamo
es bueno en este desinfecte.
Pueblo pequeño con regusto
a tanta maravilla e ignorancia
me sumo a tu fragancia
aunque me mate del susto.
Volveré aunque siempre presente
en todas letras que gesticulo
a pesar de mí en mi bulo
ruido que escribí de frente.
Enfrentado a toda herencia
fui de mi presente presencia
de tu montaña y blancas casas
gente, gentes, arrasas.
Huí sin embargo
a todo tipo de amargo
que no me daba dulzor
a este perenne dolor.
No te supe más que adentro
Agaete mío, tanto pero tanto
provocas en mí quebranto
al saberte tan cerca y lejos
que de tus labios ando perplejo.

Un abrazo.

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