El fresco sol que me ilumina
la lluvia ácida de tu orgasmo
el amor que me camina
tus hierbas verdes, tu marasmo.
Tus caricias sin medida,
tus besos en mi espalda
tú, sobre mí, tendida
y más subida tu falda.
Tus ojos impenitentes
tus dedos recurrentes
tus labios sobre mi semilla
nada sobre Nos se nos humilla.
Acabáramos dijéramos cuando
eres proclive a tu abajo labio
verticalmente sumido en mi sabio
proceder de lengua 
de tu sexo amando
no paras ni menguas.
Mis dedos apuntando
socavan tu cueva
tu líquido me renueva
a tu placer que me ando.
Sé cómo hacerte mía
más hacer de tu lío, lía
a mi provoco, tu dicha
mi pieza, mi ficha. 
Te auxilio pertinaz 
a tu placer procaz
miembro de mi miembro
de ti a ti, te siembro.
Postergo y prodigo
tus pechos que saltan
tus gemidos no faltan
nuestro pan de trigo.
Me sabes bien a mis gustativas
pupilas que de maestras
saben el sabor que muestras
tu líquido vital, tus salivas.
Extasían mis órganos genitales
gracias a tus movimientos letales
siendo mi cuerpo proclive
a lo que incidas que vive.
Grito y me enjugo
ante lo me sacas de jugo
blanco y tierno, 
rojo de mí de infierno.
Cubro mis enojos
ante tu paz a mis ojos
y abrazados enjutos 
suaves más que brutos.

Un abrazo.

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