… o quise
poner un requiebro
tras mi reír que río y enhebro
lo triste, lo feliz que hice.
Luego transcribí
la lucha tras ducha
siempre a la escucha
de lo que vi y recibí.
Parece ser que una vez
tras ver vehementemente 
cuál sería la serpiente
que me hizo en mi estupidez.
Tengo miedo a unos ojos negros
y a una rubia que me llamó
para ver tras sus alegros
un verde curativo que me calmó.
No sé, será que es el tener
la timidez tras la sonrisa
contraída detrás de ver
como no soy llano y sí camisa.
¿Pueden aquellos que se dicen 
rubicundos sanos y llanos
pedir un desliz y que cicatricen
las llenas palmas de las manos?
¿Pueden sentirse así, plenos
tras el cónclave permeable?
Me da igual que hablen, que hable
aquella o aquel turbio o lleno.
Fíjate que te digo en un sin parar
que esto de amadar
es un noble oficio ante el beneficio
recurrente al no ser ni perjuicio
ni el detestable prejuicio.
Vuelvo a la enorme mismidad
dándome igual, a mi edad
ya que crea canas
volver a mi edad arcana.
No sé si puedo escribir 
como aquellos que más saben.
Amigos, no se traben
con la grapa del decidir. 
Pues aquí queda mi lema
me fonema, mi lexema, mi tema,
la transcripción del sentimiento
sin mentirte, que no miento
al decirte ¡Oiga, no tema!
No me gusta despedirme
sin una sonrisa más o menos
aclarada para redimirme
¿Quieres mis manos en tus senos?

Un abrazo.

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