… acariciar tu piel 
adherida a la noche,
que tus ojos de verde miel
apretaran mi broche.
Me gustaba hacerte arroz
con verduras y pollo
mi amor, cortada con hoz
de nuestro embrollo.
Me gustaba darte y decirte
el amor que te sentía
para al final decidirte
de esta noche a tu día. 
Abrazados estábamos
alados con nuestros dábamos
al ser uno en cuerpo
que así, así, muerdo.
Recuerdo con delicadeza
cómo la pereza
no hacía asomo a nuestros brazos
de nuestros sexos, laxos, lazos.
Eras buena, sí, me regalaste
bufanda, camisa y te largaste
hacia el final de nuestras vidas
para no producir más heridas. 
Ahora me pongo tu camisa
esa bonita que me diste
para que la fuerte brisa
fuese calor y no triste.
Sé que fui de ti parangón
de unas ideas de venidas
cuyas fuertes prisas, idas
transformaron nuestra emoción.
Fue mi amor condescendiente
ante tu literatura
nuestra cultura
nuestros besos de dientes.
Me gustaba en esa noche
de Espacio en Blanco 
con todos el derroche
aquella vez nuestros besos
en el banco
en nuestros sesos.
Recuerdo tu melena rubia
que adoré en tu infancia
con tu poca piel y fragancia
mostrándose tan turbia.
Sin embargo aquí queda
este recuerdo de tu era
en mi cama, en tu espera
en mi mente que rueda.

Un abrazo.

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