Supe que eras de él
cuando tus labios se parecían
supe de ti, de aquel
porque se entretejían.
Supe, por la observación
que dos personas se mimetizan
cuando hay alienación
y en uno, se concretizan.
Supe de la simbiosis
cuando dos eran de sí, sí.
Sin ser conscientes
ser entes referentes.
Dos personas que se admiran
crean un vínculo de piel
navegando en el mismo riel
que si bien aflojan, tiran.
Está la circunstancia
del observador observado
que sabe con constancia
ser bueno o malvado.
Ahí entra la ética
saber del otro sin réplica
guardarlo y no utilizarlo
simplemente no verbalizarlo.
Ahí está la propia autoestima,
saber que uno sabe sin grima
respetar lo que del otro sabe
como agua que va en lo que cabe.
No es bueno ni lícito
sin que a uno le pregunten
atentar contra lo que gusten
de los demás, rítmico.
No es necesario argüir 
hacia el otro y fingir
que lo sabe aunque lo sepa
por mor de fin, de ser trepa.
La inteligencia está en eso
en poner a contrapeso 
de uno el ego
y no atentar en el despliego.
Es bueno estar callado 
ante el otro que intuyes
porque duele doler que no fluye
la voluntad del ajeno, hallado.

Un abrazo.

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