… más que a ti mismo
de tal forma que cuando me veías
sacabas la lengua y sabías
que venía a darte mi altruismo.
Después de salir juntos de paseo
mirabas todo curioso
inquieto, de otros, celoso
a tu cola, dabas meneo.
Fuiste bien educado desde pequeño
no lo hacías en casa
alguna vez fruncí el ceño
tras ver eso parecido a grasa.
Nunca dudé de tu fidelidad
de tu fe, de tu lealtad
de tu entrega, compañero
siempre fiel, siempre sincero.
Vaciabas siendo pequeñajo
los cajones, roías cortinas
me hablabas con tu desparpajo,
con tus ladridos en la cocina. 
Me amabas más que a ti mismo
como ninguna otra criatura
amó a otra a tal altura
tamaño, peso y abismo.
Nunca me diste más disgustos
que una vez que enfermaste
algún que otro susto
de alguna moto que ladraste.
Peludo de cuerpo en rizos
la vida sin tiempo te abandonó
sin espacio, en calma, así quiso
tranquilo, en mis brazos, 
sin grandes trazos
tu amor incondicional, me perdonó. 

Un abrazo.

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