…  la madrugada
en el último verso
por decir, amada
si todo es reverso.
Se lastima el atardecer
cuando en lugar de ver
la maravilla de mis egos
me viniste con aquellos refriegos.
Ruge cuando la tarde
siempre arde
al ver tu mala testuz 
y apagar la luz.
Rugí cuando a veces
no tenías más creces
que creerme tonto
hasta el fondo.
Miró la constelación 
de Orión
el reverso
del perverso.
Salimos a pasear
recuerdo, loco
reír, no parar de mirar
y darte besos a cada poco.
Era una maravilla
vernos refugiados
como seres alados
en cualquier sitio, villa.
Era un placer
dejar de ser
yo para que luego
fueses tú, tu ego.
Era un remedio
inevitable 
el asedio
de serte amable.
Era una instancia
sutil
serte servil
en cada circunstancia.
Llora el tiempo fugaz
de luz, de haz
Recordando: “Tanto ando
como dando doy
tanto soy
como vivo amando”.

Un abrazo.

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