… Vinieron miles de caras
como los cuadros de El Bosco.
Acudieron miles de noches
imperceptibles…
Rugieron las lobas
para complacerse 
y follarse a muchos machos.
Dulcemente se dirigieron
a la sin razón perenne.
Ávidas de vidas
de rugientes 
dientes silentes.
Debidamente acordadas
pusieron sus pechos
a disposición.
Uno, humildemente
se sabe preso.
Aunque siempre
siempre
salgo ileso.
Blancos huesos 
royeron
en pos de nuevas
medicinas.
Partieron sin partir
el último hombre terrestre.
Diosas que se dicen
dioses, nos decimos.
Buenas formas
para definir
lo que siempre 
han querido
ser
y serse.

Un abrazo.

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