Una vez que Orión volteó
toda su eclíptica 
notamos un cambio que voló
hacia la Nueva encíclica.
Nuevos mares rugen, surgen
tras años de testimonio
como el Demonio 
anda a la nada que velen.
Somos sujetos vigilados, vigilantes
desde el ayer de antes
a un contubernio de ruinas
miles de runas, en las cimas.
Lógicas destapadas
hacia el por qué sí, adalid
de las puras mamadas
que me dieron, dí.
Echo de menos una especie
de circunferencia de mí mismo
donde era y fui, itsmo
de mí, lo que no aprecie.
Surjo desde la nada inmaterial
para verme convertido en sal
si miro más allá de mi espalda
hacia el pasado de mi maldad.
Rujo como lobo a loba
a ver si mi próxima alcoba
se ve inmersa en fluidos
de dos seres más que vivos.
Ando así, pretendiendo
amar, amor, amante
para ser atlante
de un amor que siento.
Así desde el término
que termino.
Voy en busca de otro haz de luz
rugiendo desde mi cuna a mi cruz.

Un abrazo.

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