Prostituí mi carne
mi sarna, mi sexo, mi hambre
el resquicio de mi alma,
el hueco de estambre.
Prostituí mis tetas, mi polla
mi condón, mis alas.
A cambio de 20 euros por mamada.
Me prostituí como falsa amada
así podía para mi amiga heroína
que me inunda, me alivia, me evade
puedo así ser menos ave.
Fui puta, puto, chupa pollas a porcentaje
así mantenía mi engranaje
y le daba arroz al chiquillo, que duerme
mañana, cole. 
Me daban por culo, a veces no me pagaban
La negra: “Chupá 20 ebros”
La blanca: “Follá, 30 ebros”.
La Ciudad miserable cierra los ojos
ante alcaldes, concejales, 
esos tales, esos cuales. 
Miseria y lágrimas en cada penetración
(Todo sea por el chiquillo, que tenga educación)
Molino de Viento allá, junto a la esquina
a pocos metros de Tomás Morales 
hijos de puta pasa con inquina
mal paridos sin pagar, mortales. 
Cada esquina tiene una meada de perro
de hombre
o de mujer. 
Cada esquina tiene secretos de semen derramado.
Vaya mierda, se quejan las vecinas
las putas desnudas y los niños en el cole. 
– Que le den un trabajito a las pobres. 
(La viejita toda condescendiente)
Eso sí, en el día de las Elecciones 
pasa Cardona ufano, (O cualquiera ya tú sabes)
– ¡Limpiaré esto!
Mentira, seguirá siendo
es el viejo oficio mundano. 
Vaya mierda, Dios. 
Vaya mierda. 
Madres putas.
Hijas putas.
En cada carretera
en cada ruta. 
En cada bar. 
Eso sí, las de lujo ganan para 
pagarle al chiquillo educación
más cara. 
(Es la diferencia entre la puta más puta y la que
es menos
puta)
Paso por allí (Cerca de Cebrián)
– Cariño, ¿Te vienes?
(No gracias)
– A ti te lo hago gratis, moreno. 
(Tentador, pero no)
Agacho la cabeza. 
No las juzgo, 
ahora bien, 
Dios, vaya mierda. 
Qué libertades más 
de codos empinados
de dolor, drogas
y puta hostia. 

Un abrazo.

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