… Tengo un poema que se me atraganta
en la garganta.
Un conjunto de palabras que se empujan
revoltosas y se enjugan.
Miles de fonemas que, unidos,
van de tres en dos.
Tengo un grito sin gritar,
gritado, así, sin mirar.
Una resonancia en mi alma
que busca, siempre, calma.
Un recurso indómito, impasible
un amor imposible.
Una suerte de perecimientos
que mueren de mí, nacimientos.
Tengo bucles inconfesables
de ideas sordas, desamables.
Una, quizás, perenne tristeza
que me acude con presteza.
Una adecuada forma de sentir
un tanto loca de latir.
Rugen mis rugidos
a mis latidos.
No me salen los poemas que quiero
cuando quiero y me quiere y desquiero.
Un poder apoderado
de mí, de mi estado.
Se me agolpan las palabras
en el pecho, que me abras.
Ninguna de mis palabras, ahora
me adoran.
Es este latido, eterno
que pare ya, no.
Una sutil peregrinación
hacia mí mismo, mi ablación.
Me aburro, a veces
de ser con creces
el despiadado y cruento
chantajista de mi fundamento.
Me cansa ya de tanto
sabotaje sutil, quebranto.
Ruido imposible,
silencios accesibles.
Laudo conmigo
mi enemigo.
Irredento
así,
me
siento.

Anuncios