… Se volvió la ruptura
a perecer pareciéndose
a la auténtica locura
desapareciéndose.
Se volvió la ternura
a diluir entre sus lágrimas.
Se volvió mucho más dura
cuando no alcanzó a ver más.
Reinas de la noche que pretenden
no venderse por menos de 30 euros
y unas copas, claro, qué menos
así entre sus piernas se encienden.
Paso por la calle de las putas
me piden que entre, todas hermosas
(La ciudad vende carne a tanto por ciento)
– La cosa está jodía, primo, lo siento.
Hasta los ramos más caros, de rosas.
Las Canteras se llena de hombres buenos
chaperos, a todas luces
que andan por si hay sereno
meneo y algunas cruces.
La Ciudad promete resarcirse
con drogas y juego
promete no prostituirse
a cambio de algún riego.
Luego las luces después de El Mojo
estoy así con los ojos rojos
por algún canuto suelto
y un beso desamado
desalmado.
El fresco de las mañanas, recuerdo
cómo me volvía loco, cuerdo
al ir de manos con una rubia guapísima
que besaba a cada cien… Lo siento, lindísima.
No me indicó estrella alguna
que dejaría cadáveres a mi paso
desde que estuve en la cuna
hasta de mi vida, su fracaso.
Miraba a La Luna
contínuamente
alerta, como ninguna
vez tuve en mente.
Cierto es que aquí con unos ojos
y sus cuatro ojos tan de ella
vi estrellas caer
Pero allí, en la Tortuga Marrón
me sentía siempre como en Casa
sin problemas, sin comunión
ahora comparto otra causa.
Echo de menos La Avenida Marítima
los gatos en la playa
de Las Alcaravaneras, íntima
bajo sus aguas sucias, donde haya.
Estaré allí, en breve, allí…

Un abrazo.

 

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