Allí lejos donde el mar no termina y sí empieza se encuentra la roca partida, el silencio de las almas y los muertos que caminan.
Allí lejos donde el mar no empieza y sí termina se encuentra el minúsculo y gran retazo de mí.
Nunca moriré, me tengo dicho, porque perecer es de cobardes y yo por ahí no paso, ciertamente.
No estaré aquí de paso, no estaré por allí siendo uno más de entre la multitud que me asombra y hace sombra.
Hoy es el día de Los Derechos Humanos
un día lo borrarán y dirán:
“Día de los deberes humanos”.
Paso de exrementos utópicos que no llegan ni llevan a nada o casi nada. El camino se hace a mano y sin permiso.
Qué ganas  tengo de enamorarme, de sentir lo que sentí aquella vez que no veía otra cosa que su cerámica, su sonrisa, sus manías.

Otra piedra en el muro.

(U otra pedrada…)

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