Detrás de las sombras
se esconden espejos.
Dame un tiempo para repararme.
Guárdame.
De lo contrario.
Te maldigo.
Detrás de tus colmillos sonrientes
se esconden pérfidos
las sinestesias de mi alma
huyendo como gotas de sal.

Si no me cuidas,
te maldigo.
Te digo mal, maldita,
de no haberme bebido bien.
Ya no te, me, das importancia
por el reducto sutil
de ti misma.
Si no es así, te maldigo.
Te maldigo, maldita
por haber besado los labios que
quise compartirte
y hacer de ellos labios
que de ti besados
fueron proclives de un sin olvido.
Luego nos reclamamos
en visiones sin tocarnos
no sólo de pensamiento
sino de obra y omisión.
Al final, no me probaste de verdad
ni yo de ti, tuve lo que nunca obtuve.

Un abrazo.

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