… En medio de la guagua mientras en el fondo se dibujaba La Palma y el sol estaba más naranja que nunca.
De hecho sonreí y me emocioné.
Ayer en La Guancha, mientras dejaba atrás el mar de nubes volví a reconciliarme con la naturaleza… Entendí que la paz, el equilibrio está ahí, entre lo cromático de los colores que dibuja cada signo de cada montaña, de cada sexo femenino natural.
Cada persona en Nivaria tiene un equilibrio natural con el entorno… Tiene raíces arraigadas, arrimadas en cada sombra y en cada luz.
La Guancha es diferente, tiene pocas calles, dos bares donde dicen: “Especialidad en Arepas”.
– ¿Tiene arepas?
– No, no hacemos.
Camino tocando puertas, cada rostro es igual aquí y diferente allí. Puedo ver El Teide allí, al fondo, vigilante.
Cuando regreso a casa, el mismo mar de nubes, pienso en las últimas caricias apalabradas que me dieron y me reconforto.
Me asalta el “Ich liebe dich” a la cabeza.
Ese lenguaje tan duro pero tan concreto y diferente cada vez.
Luego, en casa, llamada de 4 horas por teléfono.
Más caricias.
Arico al día siguiente se me presenta seco, duro, fértil, desconfiado.
Hermoso.
Me dijeron que el humo se veía ayer pero ya lo tienen controlado.
Termino o casi.
Me llevan a La Laguna, un buen chico que me para luego de hacer Auto-stop.
Hablamos de lo divino y lo humano.
Guagua hacia La Orotava (Donde el niño murió, donde el agua mató todo, donde Nivaria se desahogó)
El atardecer me impresionó, La Palma se veía claramente.
Miraba, sacaba fotos.
Lloré.

Un abrazo.

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