Teodoro y Juan nacieron el día del eclipse lunar, cuando la tierra tembló, y sus destinos estaban fijados por el mismo signo, contagiados por La Criatura el año 1910, uno, en El Valle, otro, en Las Nieves, uno a las 12 de la noche, otro, a las doce del medio día…
Zoarcast abrió los ojos.

Juan Trujillo avanzaba despacio mientras pensaba en el plan que le habían propuesto. La calle central de Agaete estaba más silenciosa que de costumbre, se dirigía al frente de la iglesia a sentarse un rato y meditar.
Algo pasaba, lo sabía. Se intuía en el ambiente, algo le hacía presagiar males mayores.
Teodoro sabía que había reunión del PSOE esta noche… Se elegiría a la nueva ejecutiva, la Democracia funcionaba. Había rumores de guerras pero no llegarían.
Teodorito nacería.
Amaba a su mujer. Era pequeña, morena, mal carácter pero era la mujer que había elegido y la amaba sobre todas las cosas.
Recordaba cuando su padre se hacía a La Mar en El Puerto y le decía “Con la cuchara que coges, comes”.
– Pero yo la quiero, papá.
– No es de buena raza, esa familia nunca ha sido de buena sangre.
Ella era diferente, estaba preñada de su hijo.
Hace un año murió su padre enredado entre Las Nasas que estaban estropeadas y una corriente que no le perdonó la vida en el mar.
Después de estar toda la mañana paseando por El Pueblo, la calle central, los dos negocios, hora de volver a casa y almorzar.
– ¿Ahora vienes?
La veía con su enorme altura, incluso enfadada la amaba.
– Sí, he estado caminando por toda la calle, hablando, esta noche hay reunión.
– Deja a tus amigos los comunistas, me preocupas, ya está bien, va a nacer tu hijo.
– Sí, pero quiero hacer un mundo mejor para él.
– A veces no te soporto, eres un idealista, no sé por qué me casé contigo.
(Ella no sabía que esas palabras, al día siguiente, le dolerían hasta el punto de dejarla, un día, sin voz después de muchos años)
– Te casaste conmigo porque me amas
Se quedó en silencio un minuto, algo había en el ambiente.
– Me casé contigo porque eres el hombre más maravilloso y bueno que he conocido, ven a comer.
Comieron, se acostaron. Estuvieron toda la tarde abrazados. Reunión por la noche.
Zoarcast sonreía.
Agaete. 1910. Fuego.
Ardía el registro, todos intentaban apagarlo.
Salieron corriendo después de la reunión, dieron el aviso.
En medio de la confusión apareció Trujillo, lo miró con la misma cara de odio de siempre.
Zoarcast volvió a reír.
– Teodorito nace.
Trujillo lo miró con el odio que tenía inyectado en sus venas.
Todo ardía, había fuego por todas partes, la noche cubría todo, las llamas del antiguo archivo quemaban todos los registros de propiedad de las tierras.
– ¿Qué haces?
Trujillo apretó el gatillo, lo mató de un disparo en medio del corazón.
Zoarcast no puro parar de reírse, el pueblo eterno tenía un nuevo trauma, todos corrieron hacia el disparo.
Lo vieron acostado en el suelo.
Muerto, desolado.
A las doce en punto de la noche mientras él moría nacía Teodoro.
A las doce en punto, mientras el moría y Trujillo le disparaba, nació su hijo, Juan, con una marca deforme en la frente.
Las olas bañaban el mar de Las Nieves.
El Valle de Agaete se dolería en breve desde “Las viudas”.
La esperanza llegaría más tarde.
Año 1936.
Empezó el horror.

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