… Estuvo relamiéndose después del helado de pistacho y vainilla y recordando la noche anterior. Sonreía pensando en cada orgasmo… El frío de su postre la hacía disfrutar aún más.
– Ay, si mamá supiera de cómo soy sabría que no nunca he sido como ella.
Le decía al helado mientras lo alejaba, como si señalase a alguien.
A Antuanette mientras se peinaba le gustaba hacer muecas en el espejo, como una niña loca, ponía música y a veces imitaba a Freddy Mercury, se consideraba un poco hombre.

Limpió toda la casa, encendió el portátil. Youtube, música, Bob Marley y cómo no… Marihuana.
“Could yo be loved…”
– El lunes empiezo un nuevo curro. Le decía al cuadro de su padre, una especie de galán de cine.
Se preparaba para salir ese sábado noche, es  hora de encontrar a un buen hombre.
No sospecharía Antuanette que acabaría presa de unos ojos grandes y negros.
– Ay… ¿Qué como? Tengo que bajar la barriguita.
Abrió la nevera.
– Verduras… Mmmm…. Salsa de tomate natural con verduras al vapor.
Pasan las horas, quedó con todas a las 22:00 horas.
Ya a las 00:00 estaba hablando con aquellos ojos.
Amaneció y se despidieron.
No durmió en dos días.
– ¿Qué coño me pasa?
Antuanette se había enamorado.

Un abrazo.

Anuncios