Desde el planeta Tierra… Llamo a la llama del sentir.
Tenía amigdalitis, la madre se preocupó por él hasta el punto de ponerse casi enferma.
– Es que le duele.
– Ya, pero es normal.
El niño no paraba de llorar.
El médico le recetó antibióticos y tiempo para que se curase.
Las noticias, como siempre, la crisis, la subida de impuestos, un asesino por allá y las mujeres maltratadas.
Reinan regios los paralelepípedos.
– Amor, ¿Pero qué hacemos? Casi no llegamos a fin de mes.
– Esperar, verás que todo irá bien.
(Punset dice que la esperanza de un futuro mejor es una condición para hacernos sentir bien y no sentirnos tan mal… Pero sigamos con ellos)
Se fue recuperando Ramón de los dolores y empezó a ir a la escuela.
En una de estas veces, cuando Ramón se fue a casa de su tía un par de días. Sus padres, que se amaban con locura, hicieron el amor sin parar durante ese tiempo.
El hermano de Alberto tenía una adicción fea, coño, le gustaba la timba como al que más.
Unas veces ganaba poco, otras, perdía mucho.
Al padre de Ramón eso le torturaba, amaba a su hermano.
Su mujer se entretenía con facebook y apelaba a los gigantes de Don Quijote.
Sin embargo, Ramón, a pesar del pelo recogido con coleta (Por alguna extraña razón amaba ese asunto) atendía en la escuela y le detectaron TDAH.
– Eso sí, señora, el niño es muy inteligente.
(Un profesor se reía por lo bajo… “Amigo de vicente y de toda la gente”)
Claro, ese profesor carismático tuvo que ingeniárselas para despegarse del complejo de Edipo que le atormentaba desde aquella vez que se dio cuenta que matar hormigas de forma impulsiva no estaba bien.
– ¿Qué hago?
(Ay Dios)
– Nada, tráigalo a la consulta de la psicóloga de la escuela.
Era fea, flaca y un rictus de amargada que hacía que le llamase la atención a Ramón.
– Dime mi niño, ¿Por qué te meas en la cama?
El niño, acomplejado, – Era SU secreto. NADIE lo sabía, sólo mamá.
– Yo no me meo.
– Parece ser que sí.
– Ramón se echó a llorar. De mayor se hizo un famoso abogado.
(Eso sí, se cambió el apellido)
Los padres siempre lo adoraron.
¿Volvemos a los padres?
Amado lector, amada lectora, desde ya les digo que en este momento ángeles gritan.
Volvamos.
Lo vieron crecer y fueron conscientes de que su hijo no era como su padre y su madre no era como su marido, su marido no era como su madre y su mujer nunca fue “Su” mujer.
Era una desinencia.
Ella, sin embargo, tenía un gran talento para pintar.
(Pero en contra del marido de Mila que no la dejaba cantar)
Ella sí supo imponerse.
A veces pagaban las facturas porque vendía cuadros.
Dicho sea de paso, querido mío o mía, que él a pesar de todo, la adora.
Ramón, al hacerse mayor se dio cuenta de una pequeña cosa, en una de estas, mientras uno de sus amigos, casado, 2 hijos, mujer maravillosa y muy guapo, se miraron y se besaron.
Acabó agachado quitándole el cinturón a mordiscos.
(Ella nunca se enteró)
Eso fue lo que pasó en un momento.
Sin embargo tuvieron nietos por parte de su hija.
Gemela de Ramón, cuando pequeña, (También, el puto TDAH) sin embargo ella se sabía defender mejor.
Ya le vieron formas sus padres, le vieron maneras.
– Esta niña nos saca de pobres.
(Así sería después de tiempo)
Ella aprendió a aceptar que su hermano (Amado hermano) tenía cosas raras. Le gustaba vestirse por la noche de niña, se metía bajo las camas largo rato y, mientras estaban en clase, se ponía un lápiz en la parte superior de los dedos, atrapándolo con el índice y meñique y simulando que era un avión.
Margarita creció con su hermano y con sus padres que, aún de pequeña con su insomnio, escuchaba a su madre que respiraba rápido y decía: “Ay, ay, ay, sigue amor, sigue”.
– ¿Por qué papá le pega a mamá y ella está tan sonriente durante el día?
(Niños)
Papá le pegaba a mamá varias noches a la semana.
Ella se acostumbró y su veía las noches de luna llena su luna iluminada hasta que vio una luz que caía sobre la playa de Las Alcaravaneras. Sobre la gasolinera “Colgate” al lado de la “Shell”.
Cerca de “La casa del Coño” En Las Palmas. Allí cerca.
Al día siguiente alguien dijo algo, pero no demasiado.
Ya con veinte años la profe de historia del arte le decía que tenía talento.
(Y Ramón contento cuando Margarita le hablaba)
– Nunca supieron los padres el respeto que se tenían.
Fue curioso cuando una vez hablando Ramón y ella, cayeron en la cuenta de que papá y mamá no se pegaban… “Hacían el amor”… Y claro, para una mente como la de Margarita “Hacer el amor” era materializar algo como… “Hacer de comer” pero ella nunca lo veía.
(Quizás esa niña sabia sabía algo que los demás jamás llegamos a comprender ni a alcanzar).
Luego supo que follaban, simplemente.
Eso sí, cuando pasaron bastantes más años, se dio cuenta de que no follaban.
Se amaban.
Se dio cuenta cuando su marido la penetró por primera vez desvirgándola.
(Ramón se dio cuenta cuando dejó de ser virgen por el culo)
Vale que los pillaron una vez en un coche, por la noche, meneándoselas, pero mira, era abogado, sabía de leyes y tolerancias.
No sé si te he dicho, amada mía, que todo esto pasa en Agaete, en un tiempo que aún no he podido precisar.
Ramón fue parte de causas perdidas. Margarita tuvo dos hijas maravillosas.
Fueron amadas y bendecidas.
Las nieves unas veces tenía olas grandes y otras, olas pequeñas.
Las Mareas del Pino en Septiembre se hicieron notar cuando construían el muelle.
– Sí, lamentamos todos, dije en una reunión, nos mataron la playa.
Así vio como las olas de Néstor de La Torre cobraban vida en el bar “Las salinas” donde le dejaron marca y huella.
Crecimos, al final, en medio de huellas pasadas de tiempos aún sin escribir en medio de un sitio donde el mar cobró sus deudas, su vida.
La energía telúrica del mar sedujo las plantas de los pies de todos.
Ramón, Margarita, sus padres.
Fueron presa de toda esa matrix energética.
Así consiguieron sobrevivir muchos años.
¿Sabes con qué?

Con amor.

Un abrazo.

Anuncios