… de poesía, ella, de matemáticas. 
Yo le besaba los pies, ella, pragmática.
Yo le veía el colmillo, ella me disimulaba
yo registraba su nombre a fuego, ella, alababa.
Yo hablaba de metafísica, ella de los elementos
yo, de su alma, mi alimento.
Ella se reía con mis cosas
yo, la reía, amaba, odiosa.
Ella no puso cotos al universo
yo aprendí a no esperar más que aquel beso.
Yo reduje mi tiempo a su pensamiento
ella, incluso, a veces me necesitaba.
Amé cada uno de sus movimientos
disfrutó, hasta ahora, de mi mismo siento.
Fue simple, simplemente la dejé de querer
se lo dije a mi otra amada
sin atreverme a reconocer nada
que sólo quería de ella, querer. 
Incluso esperé, sí esperé
a pesar de que me tuve presente
sus palabras de no sé si seré
desde sus ojos, no estuve ausente.
 Me es difícil seguirte desde la distancia
del pensamiento.
Incumplir las normas básicas no escritas
acerca del estar, ser, no tener tu aliento.
Yo hablaba de mis canciones
ella de mar, luna, imprescindibles.
Yo de cientos de emociones
ella de normas que sabe, ilegibles.
Ella hablaba de la grandeza de vivir
yo (En mis adentros) lo que daría por su reír.
Por su nariz, sus besos, su boca
por verla sobre mí, loca.
Incluso después de todo,
desde que estoy en Tenerife
en este feliz acomodo
la planto en un árbol,
que cicatrice
este amor que me hizo, casi, no serme.

Un abrazo. 
 

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