… Memento mori.
El alma, circuncidada sale envuelta
en sábanas roídas de ratones esclavos
destruidas, envueltas en clavos
rotas, desamadas, cruentas.
Los semáforos no funcionan
las calles sin adoquines
el temor en cada esquina, orines
la comida al fin, se razona.
Carne muerta, sangre en los techos
nada es horizontal secos helechos.
Lánguidas putas, clientes maniatados
dolor impúdico regios carmesíes
nones, pares, síes.
Llantos de pobreza, niños malnutridos
esclavos calvos de amor
rugidos demoniacos, dolor
perversos a menos, venidos.
Mierda corrupta, socidad ilimitada
falsas caricias, sexo sin condón
cuernos abyectos, sin perdón
hasta tu sonrisa es hastiada.
Agujeros negros, apocalipsis
apocadas elipsis.
Mancos, tuertos, ciegos
vacuidad, sin ego.
Vacío perenne, sin aceite
sin pan, sin ron, sin deleite.
Odios sumisos, misas sin risas
torturas en las psicofonías
el diablo, falto de mi alegría
todo es abrupto nada se alisa.
Términos sin terminar,
no hay sueño
todo es desde lo que desdeño
sin paciencia, sin minar.
Rojo, alas rotas
suscriben las carroñeras gaviotas.
En equilibrio con mácula
sangre, sopor, tortura, no recula.
Me considero el mayor idiota.
Desaman las ausencias lloronas
el sexo sin merecer
las del alma, ladronas
no se puede crecer.
Abandono hoy, todo optimismo
me da igual, me da lo mismo
que me piensen en subjuntivo
ya no muero, ya no vivo.
Me da igual las risas de algunos
mis pecados capitales
mis, sin escuchar, señales.
Ni yo de mí, con ninguno.
Miles de hormigas me muerden
en cada noche que me persigue.
Mi piel a cada instante prende
la llama del dolor que no se desligue.
Me queda nada más que aquel beso
que me rescató de un tormento
puntual de mi nacimiento
por eso, aquí, anuncio mi deceso.

Un abrazo.

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