… he hablado de los átomos del tálamo.
Están ahí, conscientes de sus vueltas vitales
rodeándose de cada circunscripciión de los álamos
que fueron seres intertes, virales.
Raudos corrieron serviles
al renacer, des-nacer, subyacer
al eterno destino del ser
límbicos, pródigos, miles.
Adoro cada esencia, cada respiración
que el planeta despoja en cada sístole
agarrado cada diástole,
la hago cada palpitación.
Tornan las tormentas
en las siempres espirales que mentas
a la sazon de cada sal, vertical
ruido eterno en cada sal.
Disparo a tu frente, demente
ser, blasfemo, ente, inodolente
diablo que amo
diablo que reclamo.
Me apoderas, sabia, diabla, puta
cada vez que de tus clientes, haces tu ruta
no me resisto a tu lengua que no mengua
cuando diluden mis líquidos en tu lengua.
Los saboreas, tragas, amas,
te alimentas con ese poco de mí
suerte que probaste todas mis camas
suerte que no resistes a esta tu vid.
Comparto mi líquido elemento elemental
en el interior de tus bocas
que como locas
prueban mi líquido semental.
Justo ahí donde no hay sol ni sombra
nada está donde el universo disponga
al nacer y morir en medio de mis fluctuaciones
que recorren mis nuevas emociones.
Distráeme con tus ojos venideros
hacia mis músculos verdaderos
suplican aire de mi asma crónica
hacia tu muerta lógica.
A tu lado imposible levito
en la cama que ahora tienes
me muero, me derrito
por probar cada uno de tus genes.
Estás lejos, lo entiendo
no empiezo ni termino
me subyago, me remiendo
como que el amor, también, lino.
Continúo en este prosigo
este corazón que late, lo digo
sin probar aún el amor que me eternice
imposible, Eurídice.

Un abrazo.

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