… Llamada al móvil.
– ¿Señor Máximo?
– Sí, dígame.
– Queremos darle la buena noticia de que ha sido seleccionado para el trabajo. ¿Puede presentarse mañana a las 8 en Recursos humanos de la oficina? Pregunte por Carmen.
– ¡De acuerdo! ¡Muchas gracias!
– De nada, felicidades y hasta mañana.
Era la mejor noticia desde hace ya unos meses cuando los ahorros empezaban a menguar. Tenía el estómago revuelto, no sabía si por la emoción de haber encontrado trabajo o bien por haberla vuelto a ver.
Colgó el móvil y lo puso en el cargador.
– ¡Jonás!
– ¿Sí, papi?
– Buenas noticias, conseguí el trabajo.
El niño tenía apenas 4 años pero ya sabía traducir las alegrías que su padre le daba.
– Mañana te quedarás con tía Leticia cuando salgas del colegio, ella te recogerá y estarás con ella en su casa hasta que yo te recoja, ¿Vale?
– Claro papi, me gusta mucho estar con tía.
Normal, su hermana siempre la apoyó en los momentos más duros, se hizo cargo de Jonás desde que murió su madre y a pesar de ser de menor edad su hermana lo cuidaba como a un hermano menor.
Estaba algo nervioso, mañana estaría en un nuevo sitio, trabajando, sabría hacerlo bien,  se había profesionalizado en ese campo.
Miró la foto de su mujer, los dos sonreían mientras él acariciaba su barriga embarazada.
Se estremeció.
Ya temprano acostó a su hijo, de nuevo otro cuento para dormir.
Jonás tiene los mismos ojos que su madre.
La echó de menos.
Preparó todo para el día siguiente.
Durmió algo intranquilo, descansó lo suficiente.
Ese día amanecería luminoso, radiante, hacía algo de calor desde temprano y a pesar de que no lo soportaba lo llevó bien.
A la hora acordada se presentó.
– Este es su lugar de trabajo, su jefa será Marina… Tembló al escuchar su nombre, sería su jefa. Este es su puesto de trabajo.
Una mesa ámplia, su propio ordenador, sitios donde colocar fotos y macetas…
Al fondo, un despacho cerrado con grandes cristales, allí estaba Marina concentrada en unos papeles.
– Confío en la decisión que hemos tomado con respecto a usted, sé que se adaptará a la empresa y se sentirá muy cómodo… Y entre usted y yo,  su jefa parece dura, pero no lo es tanto, exigente, cumpla y las cosas irán bien.
– Gracias, lo haré.
Sabré bien cómo es ella y su carácter. Pensó.
Ella le dirá todo lo que tiene que hacer a día de hoy.
Se presentó en su despacho.
– Hola buenos días. ¿Se puede?
– Entre.
– Me han dicho que me daría ya todo lo que toca para hoy.
– Sí, abra ese cajón, hay una carpeta con su nombre y todas las instrucciones claras, confiamos que haga su trabajo bien hecho.
Le latía el corazón con fuerza, esa frialdad después de todo lo que han pasado…
– Confiamos, confío que todo vaya bien, ya sabe que tiene unos meses de prueba.
– Sí, lo sé, no la defraudaré ni a usted ni a la empresa.
(Por Dios, si aún tengo presente su aroma y el sabor de sus besos)
– En eso confiamos, que no nos defraude.
– Gracias.
Se miraron unos segundos eternos, otra vez ese gesto.
– Voy a empezar inmediatamente.
– De acuerdo, haga todo el trabajo lo antes posible…
– Lo haré.
– Por cierto, señor Máximo.
– Dígame.
– Confío siempre en su discrección.
– Sabes que siempre te seré leal.
– Por favor, tráteme de usted.
Esas palabras le dolieron.
– De acuerdo, señora, así lo haré.
– Mucha suerte y ánimo.

Un abrazo.

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