… recordaba.
Fue una noche de esas, de verano calmo, estrellas luminosas, amigos, asadero (bebedero) y un poco ausente del asunto de sus amigos.
Saludó a unos amigos, era una noche en la que hacía buen tiempo.
Amigas de amigos, se las presentaron, besos cordiales, ah, creo que te he visto…
Una lo saludó mirándolo a los ojos.
Le llamó la intención esa intensidad.
Se sentó solo, le querían seducir…
Cortesmente no accedía.
Se acerca ella…
– ¿Será que no sabes?
– ¿Cómo?
– Sí, no tienes ni idea de cómo es ser seducido, ¿Verdad?
– Vaya… Esto sí que no me lo esperaba.
– Normal, no te han hablado directamente, casiguapo.
Recordaba que en ese momento no supo qué decir.
– Pero… ¿Tú me conoces de algo?
– No me hace falta, casi guapo, con mirarte, una ya sabe qué decir.
– No soy tan transparente.
– Sí, pero sólo para esas niñas bobas.
– Vaya…
El silencio recorrió unos instantes la playa, el mar, las estrellas y ellos en esa espiral que sucede y da vueltas cuando dos almas afines se encuentran. Es ese milagro maravilloso que sucede cuando esas almas afines, al fin, son fines.
Se miraron.
Ella lo miró  a los labios con “Aquel” gesto.
– En la oficina se miraban de nuevo, quizás recordaron ese primer momento de muchos otros que llegaron.
– Señor Máximo, vamos a considerar muy seriamente su currículum, tiene buenas aptitudes, le llamaremos durante la tarde para decirle, si es seleccionado, el día que debe incorporarse.
– Muchas gracias.
Saludos a todos.
Saludo a ella, antes de separar las manos, se acariciaron.
Un segundo la mirada.
La apartaron.
Se besaron, fue ese primer beso el que reprodujo muchos más, muchos silencios aletargados, muchas temporadas llenas de su ausencia, muchos paseos hasta encuentros inesperados llenos de amor.
Se despidió de todos, salió a su casa.
Su hijo lo esperaba para que le contase el sueño de cada noche.

Fue una llamada sorpresa, a las dos horas, le dieron el sí. Debería presentarse dos días después para firmar el contrato.
Los días pasaron lentos, llenos de su hijo, lleno de sus hermanos, llenos de confianza “Sí, lo conseguiré”.
En efecto.
Eso sí, se arrepentiría muchas veces de tenerla como jefa directa, otras veces, no se arrepentiría en absoluto.

Diez horas seguidas de trabajo, ella tras las cristalera transparente y bajo la pequeña oficina de trabajo en grupo.

Un abrazo.

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