… recurrentes cada uno de los surcos
en la punta de la lengua.
Sobresalen los amantes de besos
cuando la pasión mengua.
Así, de repente los surcos del cuerpo
se vuelven más frágiles
llenos de sutiles
flores posibles.
Recaen las ojas de este otoño
en una idea de la que no habían caído
lo importante de fluir con su coño
maravilloso, de su boca, ¡Ay! Sonido…
Recorren las huellas dactilares
por su barriga y pechos
por mi deseo de mí, sus nexos
por mi lengua en sus labios, capilares.
Como veo su boca amar mi miembro
duro, pétreo, incorrible,
cachondo, amante, irascible
aún de su recuerdo en mí, tiemblo.
Cada uno de sus gemidos
germinadores de estrellas, locas
hacían latir y no en mi corazón, ido
como mi boca besaba cada una de sus bocas.
Amante nocturna, de repente
así, después de alcohol y Santa María
pasamos de lo que es corriente,
nos abrazamos al sentir que nos hizo, haría.
Fueron nuestros cuerpos recorridos
otra vez y otra su cuerpo, corrido
sublime, fluido
amante, amada, sentido.

Un abrazo.

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