… Habían pasado tantos años.
Y ahí estaba ella.
Me miró de forma asombrada y agresiva.
“Vaya mierda”
Se sentó en medio del director de Recursos Humanos y la Jefa de Personal. Ella, la dueña de la empresa – Naturalmente -.
Siempre tuvo eso en sus miras.
Habló él.
– Señor Máximo, vemos en su Curriculum que tiene experiencia en el campo que demandamos. ¿Es demostrable?
– Por supuesto, traigo cartas de recomendación de varias empresas y certificados de la formación que tengo.
– Sin embargo vemos que en su última empresa duró más bien poco.
– Sí, mi mujer falleció de cáncer y tengo a mi cargo a mi hijo, tuve que dejarla para sobrellevar toda la enfermedad y cuidarla.
Se miraron, su pelo corto bien peinado con gomina, maquillaje correcto, seria, como siempre para guardar sus apariencias y su enorme sensibilidad… Su nariz, como siempre, bella.
Detectó en su mirada un ligero atisbo de compasión y su boca -que siempre había estudiado bien y besado – hizo “Aquel” gesto.
La jefa de personal lo acometió.
– ¿Porqué deberíamos contar con alguien como usted, padre soltero, a las claras ya mayor y si bien es cierto con un buen perfil pero habiendo gente joven con mejor posición y expectativas que usted?
Ella me miró.
Supo algo.
Habló.
– Bueno, no creo que sea necesario entrar en esas cuestiones, Berta…
Mi corazón dio un vuelco.
Nos volvimos a mirar.
– Señor Máximo.
(Tengo taquicardias)
– Sí, díga.
– ¿Cree usted que puede ser el mejor candidato para esta empresa? Tiene un buen Cv pero es cierto que podríamos contratar a gente más joven.
– Sí, pero tengo experienciencia en liderazgo y motivación, resolución de conflictos, además, sólo tengo 38 años…
La miré de frente mientras hablaba.
Ella también.
Hace muchos años…

(Siguiente parte, lo que pasó hace años…)

Un abrazo.

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