Desde hacía tiempo que andaba buscando trabajo, lo llamaron para una entrevista. Ya iba siendo hora… Un hijo, una mujer que ya no está. Justo a la mitad de Tomás Morales, una oficina que buscaban a un técnico administrativo, alguien con experiencia en diferentes programas informáticos.
Ya pasó el tiempo de las marchas, las mujeres y las relaciones esporádicas.
– Es aquí.
Entró en la oficina, una fila enorme de personas para hacer la entrevista, casi todo, mujeres.
Se sentó con tranquilidad y se puso a jugar con su Ipod a un juego de explotar burbujas.
Se aburrió así que empezó a mirar a su competencia, un entretenimiento gratis, adivinar cómo son los demás.
Una chica asustadiza, la llamaron, recatada en el vestir, cabizbaja, peinada muy convencional.
“No la elegiran”
Salió llorando al rato.
“Lo sabía, debe ser dura la entrevista”
Salieron unas cuantas chicas más, dos chicos.
Mi hora.
Me tenía preparada todas las respuestas desde hacía unos días que le dieron la entrevista.
Se preparó frente al espejo mientras el niño estaba en la escuela.
Los retratos de su madre aún estaban por el salón.
“Quizás ya va siendo hora de quitarlos”.
Practicaba frente al espejo. Se decía que es un puesto importante y el sueldo no está nada mal, después de tres meses de prueba me quedaría fijo.
Pronto era su hora.
Dos más.
Lo llamaron.
Entró, tres personas, dos hombres y una mujer, le dijeron que venía la otra compañera ahora.
Llegó.
Se miraron.
Se refugió en sus pensamientos… “Es ella, no, no, es ella”
Ella lo miró asombrada.
Habían pasado tantos años, ella lo miraba.
Más canas, los mismos ojos, la misma forma de sonreír.
No supo qué hacer, ella decidiría sobre su trabajo.
Él no supo qué hacer, ella decidiría sobre su trabajo.

Fin de la primera parte.

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