– Papá… ¿Qué haces?
– ¿Cómo que qué hago? ¿Quién eres tú? ¿Qué haces en mi casa?
– Ay Dios, otra vez. ¡Mamá, papá está en el baño!
– ¿Pero quién eres?
– Papá, tranquilo, ven, a la cama.
Me despierto.
Sigo con internet, miro todo aunque parece que ha avanzado todo tanto durante tan poco tiempo.
Mi casa es diferente pero es mi casa, ¿Cuándo cambié los muebles de sitio?
Vaya sueños que tengo.
Mmmm… Tengo que afeitarme, voy al baño.
Qué raro, no me acuerdo de tener tantas canas.
Vaya, estoy afeitado. Mejor sigo con el ordenador.
Tengo sueño.
Me acuesto.
Voy al baño.
Tengo hambre.
Entra la niña de nuevo.
– ¡Hola papá! ¿Cómo estás hoy?
Mejor le sigo la corriente.
– Bien… Pero no sé quién eres ni qué haces aquí.
– ¿No me recuerdas?
– ¿Porqué estás en mi casa?
– Anda, come, tienes las lentejas que tanto te gustan luego, tus pastillitas.
– ¿Mis pastillas?
– Sí, anda, toma.
Duermo.
Suena el despertador, me levanto, no hay nadie en casa. Todo está en su sitio, es todo un tanto diferente, en fin, he tenido mucho trabajo.
Voy al ropero… Tengo que ir a trabajar es tarde. Primero miro la prensa por internet.
Me visto, me peino… ¡Vaya canas, muchas!
Se abre la puerta de abajo. ¿Quién será?
– Amor, ¿Dónde vas?
– ¡A trabajar! No sé quién eres.
Vio la tristeza en los ojos de esa mujer.
– Ven ¿Quieres dar un paseo antes de trabajar?
– Sí, no sé quién eres pero me vendrá bien.
Despierto.
No sé bien dónde estoy, estoy en casa, pero todo es diferente.
Fui a dar un paseo con esa mujer y luego no recuerdo más.
Tengo ganas de salir, de divertirme.
Me miro los brazos, están más flacos, mis manos más arrugadas.
Tengo ganas de llorar ¿Qué me pasa?
Voy a salir, voy con mis amigos.
Me visto, me miro en el espejo.
Bien, pelo engominado, como siempre, solo en casa.
Voy a abrir la puerta, cerrada con llave.
– ¿Y mis llaves?
Las busco debajo de la mesa, en mi cama.
No están, no puedo salir.
Lloro.
Me despierto.
– Pero papá, ¿Qué haces así vestido? ¿Y tu pijama?
– Hola Laura.
La chica lloró.
– ¿Dónde está tu madre?
– ¡Mamá, sube!
– Amor, ¿Me reconoces?
– Claro… Eres mi mujer.
Las dos lloraban.
– ¿Qué les pasa?
Cierro los ojos.
Me despierto.
– Tengo que ir a trabajar, las nueve, llego tarde.
Me levanto, me peino.
Voy a la puerta.
Vaya, estoy en calzoncillos, voy a ponerme un pantalón.
Puerta cerrada con llave.
Doy fuerte a la puerta.
– ¡Quiero salir! ¡Quiero salir!
Un vecino se acerca…
– ¡Avise a la policía, estoy encerrado!
El vecino llama por teléfono.
Una niña y una mujer abren la puerta.
– ¡Papá, por favor!
– Amor, ven, vamos a ver la televisión, está ese programa…
La mujer le dijo a la niña…
– No puedo más, Laura, no puedo más, tu padre…
– Mamá, ya lo sé… Pero nos ha tocado.
Duermo.
Me despierto.
Tento que ir a trabajar.
Me visto.
Veo la prensa por internet.
– Hola Laura, voy a trabajar, buenos días.
– ¡Papá!
– Dime amor.
– Ya no vas a trabajar…
– ¿Cómo que no?
– Ven siéntate conmigo.
– ¿Y tu madre?
– Salió a comprar. ¿Cómo estás?
– Cómo voy a estar? Bien.
Duermo.
Me despierto.
Qué bien me siento, qué bonito día hace. Un buen día de sol.
Voy al baño, me visto. Esta noche salgo, voy de marcha un rato.
Voy a ver con quién quedo.
Enciendo el ordenador. ¿Quién estará por ahí?
Bueno, esta noche un par de porritos y dos o tres cervezas. A ver si me echo novia.
Tengo que aprovechar mi juventud, sólo se vive una vez.
Todo está limpio, seguro que ayer limpié para si viene alguna mujer.
Qué bien me encuentro, voy al espejo.
– Vaya canas tengo, ayer no tenía tantas.
Mis brazos, están flácidos.
Da igual, esta noche salgo, voy a ver si hay alguna cervecita en la nevera.
Ninguna, vaya, voy a comprar algo para esta noche.
Fue a abrir la puerta, cerrada con llave, no podía salir.
– ¿Pero qué pasa, porqué estoy encerrado en casa?
– ¿Y mis llaves?
Se abrió la puerta de una habitación.
– Papá, es temprano.

Fin de la primera parte.

Un abrazo.

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