El tiempo por hacer
es el tiempo por estar y crecer.
Tengo los dientes fríos
después de con más o menos brío
tomase la decisión de que el tiempo
es una palabra tan llena
que se vacía con el adviento
en estas fechas ceranas, plenas.
Rubrico este panegírico
(A pesar de que no estoy por lo lírico)
con la firma personal
de los dedos,
los credos
la música atonal.
Te voy a confesar algo
así, entre nosotros,
tu y yo, sin los otros
como cuando entro y salgo.
Me confieso desregulado
(Mi amada Karina sabe saberme bien)
me confieso de ti, destetado
pero no eres tú, es, eres, muchos estados.
El recuerdo recurrente
de tantos, tantos femeninos entes
lubricados por mis caricias
lamidos por mis de lenguas, delicias.
Por supuesto
añadimos recursos
discursos,
más o menos puestos.
Destetemos, hombres honestos,
la impúdica voluntad despolitizada
de creer la verdad más dada,
vayan los mentirosos a los restos.
Los que mienten desde el poder
los que mienten (Y las) que quieren ser
partícipes de un sistema
que no ama, es su anatema.
Es todo una gran mentira
sí, dime, lo que quieras
pero ante mis palabras que deliras
no quedan más que tus delirios, deliras.
(Demos lirios, de lirios)
Reconfórtate con el recurso
de seguir el curso
admisible del sentir
inaplacable de todo sentir.

Confío en los acasos.

 

 

 

En los desnudos ocasos.

Sí, dime.

Sí, dime.

Displicente teoría.
Ahora, de mi autoría
mis espacios.
Despacio.
Acaso, adivinados.

 

¿Te particularizas?
– Si no te ruborizas -.

 

 

 

Un abrazo.

Anuncios