… de la sustancia.
El reducto inútil del “Hasta nunca”
Un día en la vida
una huída desesperada
un perfil de árbol, tu llorosa mirada
las que siempre cierran, las heridas,
las cosas que siempre se truncan.
Ley que siempre se cumple:
todo pasa, esto también pasará
esa es La Ley, la que siempre andará.
Sólo el amor consigue lo que se incumple.
Lo adyacente a un perfil
la sombra, el caballo te lo comí
con el alfil
eso, sí, de ti a mí.
Casi nada te dije al final
eso sí, me sobraron lágrimas
que mostrarte, que no viste,
sin menos, sin más.
Cuando saliste por la puerta, sin rima
así lo quisimos, así lo quisiste.
Hace tiempo que no (te) escribo tanto
es lo que tiene dolerse
sentirse parte del fuerte quebranto
que supone, otra vez, aunque levantarse, caerse.
Hay abrazos por dar
que no darlos, da
la sensación de no ver dónde
irán todos esos, dónde se esconden.
Asumo mis causas y consecuencias
de vivir, la ciencia.
La conformación del des-amor
respirarte, aún, sin temor, sin rencor.
Responder a cada una de mis emociones
tal y como llegan, mis acciones
pensar en tu nariz,
saberte de mí, un desliz.
Recoger cada uno de los trazos
que dibujó tu silueta en mi cama
saberme que no serán tus brazos
– Aunque me niegue a aceptarlo –
los que me digan “Ama, ama, ama”
así que me conformo al no obtenerlo
ni darlo
ni saberlo.
Desarticulo toda mi sabiduría
acerca de lo poco que sé
ya que esta vez
ni yo sé qué diría
en el caso improbable
que tus labios amables
quieran quererme…
No, creo, no me iría
de ser tu ser, serme.
Mi amor es infinito
la alegría que me da bien saberte
sin más conformación
del rito
inedulidible de la inacción.
Cuando te fuiste también me morí
vi buitres volando en mi alma
al no tener el temple ni la calma
de cerrar lo que no abrí.
Abro los brazos a Orión
de nuevo, como un llorón
aplacando las estrellas,
las fortalezas, las quimeras
mi corazón, latiente
eterno, caliente.
Ya lo sabes,
todo esto que te (me) escribo
siempre tuviste las llaves
así, sin menos, vivo.

Un abrazo.

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