… Antuanette llevó el bolso, sus cositas íntimas
quería ir con él, Sebastián, alto, bello, alemán.
Tenía entrevista de trabajo,
cuando se despertaba, se pasaba la lengua por los labios
recordando la noche
no paró de correrse
no paró de fumar marihuana
de sentir todos los orgasmos.
Cuando se fue a trabajar
le dijo “Cuando te vayas, desayuna,
apaga todo y no nos hemos visto”.
Antuanette  se dijo “Total, para un polvo”.
Un chocolate con churros ahora, que hace frío
por la calle Murga, creo, hay una cafetería.
Le suena el teléfono, su hermana menor
le cuenta de penas de hombres.
(En fin, se piensa, es lo que toca….)
Anoche fue todo tan maravilloso
se decía para sí, ella.
Me dio la impresión de que me amaba.
Bah, el lunes es mi cumpleaños.
Sonrió, pese a todo a Antuanette
se sentía bien.
La “María” le hacía efecto, los colores eran más
intensos.
Incluso las hojas de los árboles de la calle
las veía más brillantes, sueltas,
atrapadas
renacidas
vividas, vívidas.
Las veía más intensas.
(Otra vez el puto teléfono)
– Su gato maullaba de hambre –
Puso música.
Abrió la comida para gatos.
– Vaya pinta.
El gato se relamía y maullaba.
Se lo puso en su plato.
El gato comía feliz.
Se dijo:
¿Otro porrito, morena?
Luego una pajita.
Sí, se habló en voz alta.
Se fumó lo último,
se masturbó.
A las 8 de la mañana
la llamaron,
una oferta de trabajo.
Se vistió rápida.
– Hoy haré otro día.

Un abrazo.

 

 

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