… Fue a hacer la compra de la semana.
Compró pepinos, pimientos, cebolla y ajo.
Deseaba cobrar para hacer la compra.
– Son buenas las verduras frescas, se dijo –
No he dicho que Antuanette es alta, morena, de ojos verdes.
Pechos pronunciados y vientre plano.
Culo respingón.
Pero no le gusta que la traten por su físico.
– Aunque sabe sacar partido para con sus presas –
Hizo la compra, con algún caprichito, incluso.
Antuanette pensaba que estaría bien
que algún hombre la acompañase a la compra y pagar todo a medias.
(Pero claro, siempre quieren pagarlo todo)
Cargaba con el carrito de la compra, de esos fashion que dicen “compro y soy moderna”.
Pedían a la entrada del súper y ella, como es así de buena dio un euro.
Iba con su Ipod cargada de música, tocaba Elis Regina.
Empezaban a caer chispas, un perro ladró.
– Ay, necesito un curro cuanto antes -.
Tenía el pelo largo, negro.
Ella, como sabía mucho de hombres, tenía claro cuántos galanes las querían ayudar.
Antuanette no es tonta.
Desde que tiene pronta edad ha sido protegida por su hermano mayor.
Eso la ha hecho crecer con una seguridad en sí misma que no se suele tener.
Vive en un piso compartido con dos amigas maravillosas.
– A veces no llega a fin de mes –
Antuanette se mira en el espejo.
Se ve guapa.
Mamá y papá son como son, mis hermanos me aman.
Pero decidió irse pronto del lar.
(Para crecer es necesario irse de lo protegido)
Cuando se desvirgó fue maravilloso.
Era alto, pelo moreno, sonrisa simpática, francés,
se iba en breve.
Antuanette llegó a casa, colocó todo,
dejó las tabletas de chocolate para sus amigas compañeras de piso
se dedicó un porro de marihuana.
(Siempre hay un euro para según qué caprichos)
Así pasaba la tarde-noche.
Añoraba un hombre con el que pasar la noche.
Suena el teléfono.
– Te echo de menos.
Antuanette sonríe, se acaba de excitar, se nota húmeda.
– Yo también.
Un abrazo.

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