… Piroclástico de Antuanette…
Luego de que caminase por la calle
así, embebida de sus cosas
y un par de cervezas
se descubrió a sí misma en medio de un espejo.
La realidad no es una, es múltiple.
La tierra tiembla.
Sí, se pensaba, el temblor de la tierra
no tiene en absoluto que ver
con la intensidad de mi corazón.
(Así Antuanette divagaba)
Eventualmente, cuando el magma
estaba a punto de salir
redescubrió un pésimo prosaico.
Hay un terremoto
es mi corazón.
– Qué vestido más lindo –
Entró en la tienda
se probó el traje
lo compró.
Antuanette tenía un traje nuevo.
Caminaba allí cerca de Tomás Morales.
De repente, con ínfulas
dijo “Pero si yo me merezco”.
(Podría decirse que
en esto del discurso del ser
beberse es mejor
que no)
Y en eso coincido con ella, fíjate.
Así que yo, en pleno
desdén desde mí
Me digo.
Oye, ¡Siempre hacia adelante!
Antuanette me escuchó
miró hacia el cielo de mi frente
y se dijo:
¡Siempre hacia adelante!

Un abrazo.

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