… nació a las 12:21 el 12 de diciembre en un eclipse de sol.
Sus padre, orgulloso del nacimiento, lloró. Beatriz le  daba el pecho y se dijo que jamás había visto algo tan hermoso, fue ahí cuando algo dentro de él se despertó, lo relacionó con lo que le habían dicho que es amor. Veía cómo Luis Alberto succionaba el pecho de su madre, ese pequeño cuerpo era lo único que realmente era su creación y su parte.
Beatriz tenía una mirada diferente, nunca la había visto antes.
Sería por la influencia de la cantidad de vinos que había tomado y el amor que el vino despierta que todo le resultaba bonito, su hijo ¡Su hijo! Estaba ahí.
Beatriz lo miró con una sonrisa de amor absoluto.
– Es tu hijo.
Luis, al ponerlo su madre en la cuna, lloró. Beatriz lo volvió a arropar entre sus brazos algo hinchados de la retención de líquidos.
– Es mi hijo…
No recuerdo que papá me dijese nada amoroso en toda mi vida, ni tan siquiera cuando cumplí diez años, ni un regalo, ni una caricia, nada.
– Ya estás empezando a ser un hombre, ¡Espabila, la vida es una mierda, es muy dura, aprende a buscarte la vida!
Recibió la primera caricia de su padre, un puñetazo en el ojo.
No era dolor físico, no, era no saber el porqué le dolía tanto.
Luis estaba ahí, olía bien.
– ¡Mamá, mira lo que me hizo papá!
Mamá, callaba.
Lloraba amargamente.
– Papá, ¿Porqué me pegas?
– Ahora eres un hombre ¡Sobran palabras!
Luis empezaba a quedarse dormido…
El último vino hacía un efecto sobre su equilibrio.
En su mente y en su corazón.
– Es nuestro hijo, cógelo.
– No, no…
Beatriz y su inocencia.
– Sí, tómalo, es tu hijo.
Beatriz nunca había amado tanto nada como los ojos de su hijo y la sonrisa de su amor que la miraba de esa forma.
– Es un milagro, Juan, es algo nuestro, por fin…
Juan José Romano se dijo que jamás volvería a beber alcohol después de que cuando Beatriz Corredera la mirase con un dolor indescriptible al darle a Luis Alberto se le escurriese entre las manos para caer al suelo.
Se acordó de su padre, el primer golpe, mamá en silencio. “Sobran palabras, Juan, sobran palabras”
Luis Alberto recibió por primera vez el duro golpe de la realidad.

Un abrazo.

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