Cuando yo era un pequeñajo
así, menos de palmo y medio
mi abuela picaba, en el bar, ajo
cocinaba y así soportaba el tedio.
Era un sitio cálido, lleno de olores
desde por la mañana me levantaba
corría a los brazos de mi bisabuela, que amaba
y con su sonrisa me impregnaba de amores.
Empezaba el día con refritos de tomates
allí, en el Bar Medina, donde pasé
parte de mi infancia, olores de café
el lunes tocaba a primera hora, mates.
Era fin de semana en el Bar Medina
donde mi amado abuelo, Jesús
atendía las mesas con disciplina
mi abuela, de postre, un mus.
Agaete escondía secretos aún escondidos
desvelados luego entre el colegio, Mika, los queques
el martes aburrido, su padre, spectrum, juegos perdidos
empezábamos las preguntas, los porqués.
El Bar Medina, por la mañana era un hervidero
de olvidos imparables, en todo día, primero
“Cortaos”, cervezas, coñacs y mi abuelo servil
cobraba lo que podía, apenas llegaba a mil.
Mi abuela Inés hacía “ropavieja”
de vez en cuando, arreglaba una vieja
mi bisabuela paca, picaba cebollas
por la mañana hervían todas las ollas.
Yo me dejaba impregnar por los sabores
de toda clase de sentidos nasales
mi nariz, inconfundible, Medina, familiares
cada sabor era parte de mis amores.
La cocina es mujer, como mi bisabuela
como mi abuela, como mi pobre madre,
como mi abuela comía con sus pocas muelas
la familia mujer escondía sus pocos padres.
Recuerdo todo con mucho cariño
normal, yo era un tímido niño
crecí entre mujeres, olores, tiempos añejos,
voluntades de crecer, aunque era, aún, de lejos…

Un abrazo.

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