Me dijeron: “Soy o no soy un hombre o mujer”
cuando era más joven que ahora o menos
me preocupaban cosas sin sentido, el tamaño de los senos
lidiar con la vida en correspondencia con ser.
Me dijeron si era de la “Acera de enfrente”
en medio de prejuicios irreverentes
y pensé “¿Seré o no seré, lo que sea es de ser?”
pero me subyugaron los besos de aquella altísima mujer.
Siempre fui un niño raro, después de lo que en casa tenía
suerte que provoqué cada creatividad en mis poros
a pesar de que en mi muerta familia hay varios Heliodoros
subyugaba mis mierdas, ansiedades en la música que me vivía.
Pero un día decidí romper con el clan que me ataba
acatar mis emociones cada una, cada cual, cada cuna
trascender de la miseria familiar que me daba
vivir bajo un techo de rivalidad, desamor, hambruna.
¿Eres gay, Helio, eres gay?
hubo un momento que me jodía
que no supiese responder a la pregunta que había
y no, hostias, respondía, es lo que hay.
Tengo la gran ventaja que viví bajo el techo
de cientos de mujeres desde el alba de los tiempos
mi bisabuela, mi abuela, mis tías, que vivieron el hecho
Agaete, gran mujer que adoró cada uno de mis cantos.
Un día decidir responder que sí
porque hay que dar lo que la gente quiere
a pesar de que amaba lo que el sexo adoraba para mí
otra vez, otra vez, otra vez, otras mujeres.
Acabé hasta los huevos de los prejuicios
de tres calles conjuntas
del qué decir, el baño de los alisios
y las proyecciones de los miserables que ya no me “Ajuntan”.

Un abrazo.

Anuncios