Conocí a una mujer de aire
de fuerza abrumadora y serena
volvía mi amor tremendo como el sol y la arena
de allá, del norte, no sabía de mis bailes.
Conocí a una mujer a la que amé con tal profundidad
que no cabía en mí constelación alguna
no había universo en su identidad
que no adorase de ella, de sus lagunas.
La amé como nunca amé
aunque eran aires sus formas
yo prefería lo estático de mis normas
pero te juro por Dios, que la adoré.
Me enseñó la salud, la vida en las piedras
el Reiki, la aventura del universo
la maravilla del ser, la belleza de mi verso
la enredadera de cada hiedra.
Es que recuerdo que el amor que yo sentía
no tuvo cabida en mi pecho
le escribí lo que ya no escribía
le mostré el amor en cada hecho.
Esa mujer de aire sutil, mágica, bruja
en la medida que con ella, yo más yo
y ella más ella y menos yo
me hice liviano como una burbuja.
Aún recuerdo sus pechos dulces
su sexo amante, elegante, bello, entregado
“Tu color” “Yo no tengo más escuela que tus besos”, su estado
“Balanza” “Pies ligeros”, escritos a miles.
Aún recuerdo sus hoyuelos
y a pesar de que no la amo
me vienen mis pasados desvelos
mujer de aire, gracias, como siempre,
por tus, mis, anhelos.

Un abrazo.

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