… La nada, aunque llega. El refugio de las almas está impresa en el acontecer de cada mancha del sol. A pesar de que Helio nos brinda un nuevo amanecer y que las nubes pueden oscurecer el paso de los fotones, La Tierra sigue girando  imperceptible salvo para aquellos que volamos desde nuestro ombligo.  Nada queda de paso, nada permanece, sólo está lo que se establece en nuestro pensamiento como nuevas Hespérides risueñas. Luego están las nuevas almas danzantes, las nuevas sincronías, el desprenderse de todo, matar el yo que a cada instante me hace ser más o menos yo. Las lágrimas derramadas, las lágrimas sin derramar, el pulso constante a la vida, la vida, como remedio de todo. Huir, volar, escaparse, cambiar, tener nuevas tierras, nuevos mares… ¿Dónde queda el amor? Me preguntas constantemente. El amor… No lo sé. Sé que amo, sé que amé. Como un orgasmo, sólo sabe uno cuando un orgasmo sucede. El orgasmo es tan íntimo que el de la persona amada sólo lo percibimos, se lo procuramos, se lo regalamos, nos lo regalamos. Ojalá siempre tengamos orgasmos de amor. Orgasmos sentidos, consentidos, vividos, bebidos, recibidos, dados. Sé que amaré. En el sin sentido de la calle… Me senté al lado de una mujer bella que sostenía a su hija en sus brazos, la niña me miraba y me tocaba con sus lindas manos, la madre me pidió disculpas, le dije que no había que darlas.
– ¿Cómo se llama la niña?
– Esmeralda. Sonreí, en medio de un buen día una niña maravillosa se llama Esmeralda, el mundo gira feliz.

Un abrazo.

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