La cruz ensangrentada grita otra vez
desde la galaxia que creo con mi semen.
Vírgenes vestales moran en duelos deseando
morir y renacer en medio de orgasmos se ven.
Un pene enorme, erecto, es objeto de báculo de hembras
una enorme vagina es penetrada por el sol resplandeciente.
Cada grito de placer abarca un sueño en la penumbra
y en cada segundo de la exclamación, Dios, omnisciente.
El amor se asoma en cada suela de zapato pisado
en cada esquina
en cada ruina
en cada sexo devorado.
En toda mente hay varios entes
unos, felices, otros, ausentes
que quieren ser, verse, sentirse felices
de amor, correspondientes.
Luego surge el deseo, la pasión
el amor desamorado
el enamoramiento, en estado.
El alma en ebullición.
El reto de vivir con el deseo
como de la serpiente, el siseo.
La manzana de Eva
el pecado “Original”
todo, todo, se subleva
nada, permanece, nada tiene final.
Dios que no castiga, los ahuyenta del sin dolor
para que puedan siempre tener el placer de sí mismos
de la masturbación propia, ajena,
la entrega sin pena
el maravilloso hedonismo.
Huyo del drama
y procuro de mi neurosis
de mis versos, de mis malas dosis
del amor que no me ama.
Reto el recato,
como del ratón, al gato
juego con las palabras
unas me cierran, otras, ¡Que me abran!
Aúllo como un lobo, a la luna
¡Anula la luna, lobo!
Lobo bobo…
fuerte, como un Baobab, en medio de las runas.
Satán mira complaciente a la gente
que ahoga sus desamores en mala praxis
que masturban su sexo sin compartirlo
por miedo a la profilaxis
como hijos dementes, de mentes.
Satán, aliado de los hijos del deseo
que no huyen en viajes de Perseo
va de mano junto a Dios
y se sonríen al verse casi beso
de Dios y Satán, posesos.
La noche me llega tardía
como sé que llega el amanecer
que precede, siempre, un nuevo día
oportunidad única, para crecer…

Un abrazo.

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