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… anteojos, ante tus ojos.
Tuve de caer en el universo de los suspiros, del Pecado Original, del origen de nuestros pecados.
No tuve ganas de chocolate ni de café, ni de jamón serrano, tuve antojos de ti.
Tuve antojos de atraparte en los confines del mundo, en los confines de mi colchón.
Con fines de placer de caer rendidos ante la evidencia del sexo divino.
En medio del temporal, cuando caen las nubes y veo que todo se termina, cuando la espiral – que siempre tengo entre el ombligo y el pecho –  da vueltas y veo un tsunami acercarse, tengo antojos de ti.
Como una letanía, tengo antojos de ti.
Como el cura en misa,  Cristo crucificado, tengo antojos de ti.
Como la madre amamanta a la hija, tengo antojos de ti.
Como mi hermano que trabaja, tengo antojos de ti.
Como en Semana Santa las procesiones, tengo antojos de ti.
Como el adicto a la heroina, tengo antojos de ti.
Me rindo ante lo difícil de mi rebelde pelo, lo desordenado de mi barba, la habitación sin recoger, el techo del mundo que se cae.
Me resisto y persisto, pero ya dejo de resistirme.
Tengo antojos de ti.
De repente por la noche me asaltó una voz familiar, un sueño revelador de algo que nunca quise ni debí querer y supe que era un antojo de ti.
Ayer comí pizza cuatro quesos y carbonara – deliciosa – pero seguro que tu sexo es aún más sabroso.
Como estar entre amigos, tengo antojos de ti.
Como la Hostia Consagrada, tengo antojos de ti.
Como el cuadro de La Virgen de Las Nieves y agosto, tengo antojos de ti.
Como a Silvio su guitarra, tengo antojos de ti.
Como que hay labios que se cruzan entre marionetas a la espalda y cruzan perdidos los cables por una habitación.
En el registro Acásico, acaso están escrito los besos que aún no te di.
Tengo antojos de ti.
Hay una constelación que habla de nosotros dos, de tus antojos, de los míos. De tus ojos, de los míos.  Un libro en blanco, tapas duras, bordado en oro y diamantes , días de amantes, di ¡Amantes!
Soledades que se encuentran menos solas y libros sin publicar.
Tengo antojos de ti.
Un libro sin leer es un hombre triste.
Una enredadera es una mujer enfadada.
Una palmera es una mujer exitada.
Un cactus son caras rígidas.
Tengo antojos de ti.
Como me gustan los helados y las aceitunas.
Como me gustaría tener un hijo un día y llamarlo “Juno”.
Tento antojos de ti.
Padre nuestro que antojas nuestros cielos, santificados sean nuestros antojos, venga a nosotros los antojos, hágase la voluntad así en la tierra como en el cielo, perdónanos nuestros antojos así como nosotros perdonamos a quienes se nos antojan, déjanos caer en los antojos.
Ante tus ojos ante mis ojos.

Un abrazo.

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