… vuela mi mirada hasta llegar a una estrella? ¿Cuándo recibe la intensidad de mi mirada, la soledad de mi momento? ¿Qué velocidad tarda mi mirada en llegar a tus ojos?
Tus planetas, como electrones son impredecibles en un momento y en un instante, tus besos fueron los clavos que a mi Cristo crucificaron.
Sé, aproximadamente, cuánto tarda la luz del sol en llegar a mi alma, sé cuando su luz toma mi piel…
Pero te vuelvo a preguntar de nuevo, ojos, ¿Cuándo sabes que mis labios rodean los tuyos? ¿Cuándo tienes la certeza de que son mis brazos los que acarician tu corazón?
¿Cuánto tarda en recibir una estrella mi mirada? ¿A qué velocidad se traslada de mis ojos a los tuyos?
A veces tengo soledades solas de espanto , llantos que no quisieron ser ni tan siquiera cantos y no me queda otra que seguir respirando, respirando, respirando…
Si yo te miro y me transformas, si yo te miro y te transformo… ¿Dónde está la realidad inmutable de las cosas?
Tengo en el pecho una espiral que a veces no me deja respirar y, en medio de este desatino, recuerdo el universo y la constelación de Orión.
Cada alma tiene un alma que la complementa, que la llena de calma, de amar al mar… Pero será que las estrellas, mi signo evita el roce de piel amorosa que se derrama.
Y grito y lloro en el precipicio que me acogió tantas veces donde podía ver el mar en toda su inmensidad y podía fundirme con el universo y ser Uno con Él.
Al final amar es un milagro que se da pocas veces, como la recreación de la luna que mira el planeta en su revolución, como cada satélite de Júpiter, Como Marte es rojo, como Plutón está lejos.
Como el frío que me desarma, como el calor que no me deja estar.
Amar es un milagro… como una estrella cuya luz tarda… Pero… ¿Cuándo llega mi mirada a la estrella? ¿Cuándo llega mi mirada a tus ojos?

Un abrazo.

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