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… entre la física y la química de la noche, del día, pasaron horas, semanas, constelaciones murieron y nacieron y todo resultó ser del color del sol.
Nosotros parimos risas y llantos, estuvimos tejiendo las redes de lo que éramos, y seremos. Desaparecieron las causas de la ciudad en calma, las flores nunca se marchitaron y el mar se quedó impregnado de nuestras risas.
Sé que entre mi ciudad y tu campo, miles recorrieron amores y dolores, sé que todo se volvió inesperadamente descolorido cuando la realidad se miró en el espejo y no se gustó.
Nosotros íbamos a ciegas en el mundo de los abrazos sin pensar que amar es una causa más del centro del universo pero había lunas descentradas en las caricias.
Nosotros seguimos transitando durante años la carretera del ahora sin un destino claro a dónde llegar y claro, sólo importaba que íbamos de manos y nos reíamos de la gente en la calle.
Nosotros, aún recuerdo, teníamos ya casi los mismos gestos, paríamos desde tu vientre y mi vientre, palabras y parábolas, interpretaciones de lo que era y lo que no.
Nosotros, tú y yo, levantamos la alfombra de las calles y escondimos la basura debajo. Después de varias veces la basura salió de las cloacas pero seguimos de manos riéndonos.
En medio de la reconquista que nos supuso seguir siéndonos nosotros, nosotros, luego fuimos lo que fuimos.
Nosotros, tú y yo, levantamos el vuelo y unas veces yo estaba en el cielo y tú en la tierra.
Nosotros, tú y yo, por mi parte, casi siempre eras más tú.
Nosotros, tú y yo, al final sólo fue lo que fue. Tú y también yo.
Nosotros, tú y yo, al final, quedamos en tú, en yo.
Es lo que tiene no aceptar la muerte.

Un abrazo.

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