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… siempre presente en mi vida.
Después de la ruptura con la mujer a la que más he amado, he estado reflexionando acerca de la mujer en mi vida, desde mi infancia hasta ahora.
Estoy desentrenado en esto de escribir, me acompaño de Amy Winehouse para intentar sacar lo que lleva rumiando desde hace unos días.
Cuatro primeras mujeres me acompañaron en mi infancia, mi bisabuela Paca, mi madre, mi abuela materna y mi abuela paterna, sentía con ellas tranquilidad, paz, con Paca me sentaba en su habitación y me hablaba desus años tiernos, de sus hijos y me preguntaba por mis padres, su habitación estaba llena de santos, sus hijos trabajaban en el Bar Medina y se llenaba la estancia de olores de mujer en la comida.
Mi abuela paterna, siempre estuvo pendiente de mí, recuerdo su mirada dura y sensible, sus piropos a mis ojos, su última mirada en la clínica antes de morir que aún llevo aquí…
Mi abuela en Agaete, fue aún más determinante, una mujer dura, trabajadora, implacable con sus devenires, implacable en la educación de sus hijas.
Me llenó de amor, comprensión y dedicación. Me recogió en los momentos duros y me dio un sitio donde vivir. Murió en mis brazos.
Mi madre, siempre estuve con ella en la cocina, tendiendo, donde fuese, allá donde caminase en la casa yo estaba detrás.
Mi hermana siempre está ahí, si la llamo, me atiende, si voy a la casa, me acoge, si me hace falta algo, me lo da, si necesito hablar, ahí sigue.
Mi otra hermanita, tiene 16 años, es la locura de mi corazón, mi completa adoración.
La mujer ha estado presente a lo largo de mi vida, en el instituto, en los trabajos y con todas he sentido alma, aire, fuego, mar…
Y es ahora cuando identifico todo lo que me rodea con La Mujer.
Después de amar como he amado, sentir como he sentido, lo veo todo más claro.
La mujer está en todo, en el mar, en el aire, en cada cosa que veo y respiro, en las amistades más o menos entregadas, en mis felicidades y sufrimientos, en las lágrimas que he derramado, en las risas que he compartido.
Imagínate un mar en calma, un mar turbulento…
La mujer es como el mar, es agua de vida, es lluvia que suscita lo verde…
El mar es interno, como la mujer, lleno de emociones, de profundidades de olas, que avanzan hasta el mundo entero lamiendo orillas, bordeando rocas, amando lo duro, rodeándolo.
Aquella mujer que trabajó duro para dar de comer a muchos hijos, aquella otra que consiguió todo lo que quiso.
Todas son el mar, entero, íntegro, en constante lucha, en constante alimento.
El mar está lleno de interioridades, de profundidades ignotas, por descubrir, de superficies brillantes, como tu piel, mujer.
Cuando una mujer no está en calma y sabe de su fuerza, de su poder, se forma un tsunami vital, una energía desbordante que arrasa todo a su paso y nosotros, sólo podemos llegar a las montañas más altas o dejarnos ahogar por sus inevitables brazos.
Una vez amé a una mujer como un mar entero, pero ¿Puedo abarcar el mar con mis brazos? No, sólo dejarme hundir, sólo puedo amar lo grande que ha sido ella y resignarme a ser un trozo de su inevitable paso.
Cuando una mujer está en calma el mundo se vuelve tranquilo y sosegado, no hay que temer nada porque la mujer está tranquila, porque el mar acoge la tranquilidad de la sabiduría, de la fuerza.
La mujer da vida, la mujer continúa con todo, vibra con el sentido de la tierra, de la madre poderosa, de los pies descalzos, de la música infinita, del universo…
La mujer es universo, pero también es narrativa.
La mujer transforma todo a su paso. Una mujer embarazada es una de las imágenes más hermosas de la naturaleza, una mujer dando el pecho, amamantando.
Una mujer amando, derramándose, es la imagen viva de la belleza, de la fuerza del cosmos.
Cuando una mujer es mar, cuando llega al placer desde su adentro, cuando grita para liberar su placer intenso, se hace mar, pleno, entero, y nosotros sólo somos quien propiciamos su venida.
Cuando una mujer ama se entrega plenamente, cuando tiene la suerte de saber amar, de saber entregarse, de ser una con sus sentimientos su pareja puede sentirse plenamente afortunado.
Si tu mujer te ama, créeme, tienes una luz en los ojos imborrable.
Si tú la amas, el brillo es más grande que la bomba de Hiroshima.
La mujer es alimento, luz y vida, música y creación, intuición, premonición.
La mujer a la que amé con todas mis fuerzas me enseñó la madurez, la vida y la naturaleza, sentir el cuerpo plenamente, ser práctico, mirar la vida con mayor valentía y tener mayor poder en la economía.
La mujer a la que amé con todas mis fuerzas me enseñó a pagar mis deudas, cerrar mis ciclos y ser más optimista, a ver la medicina natural como un recurso saludable.
La mujer a la que amé con todas mis fuerzas me enseñó el silencio del campo, dejar las drogas, rendirme ante mí mismo, a no juzgar, a encontrarme mejor, a ser independiente.
La mujer a la que amé con todas mis fuerzas, me enseñó a ser un hombre con todas mis fuerzas.
La mujer se limpia, la mujer es luna, es un ciclo vital, natural, entero, armonioso. Cuando se limpia, cuando no quiere engendrar, se torna dolorosa pero viva.
Cuando una mujer es fértil se alinean las constelaciones, las estrellas brillan fuertes, los dibujos del universo conspiran para volver a erigirse en vida.
Después de todo, después de amar, de desamar, de que me quisieron mucho, de que me alimentaron, que me hicieron sufrir, que me hicieron reír… Sólo puedo sentirme agradecido.

Gracias a la mujer, yo soy más hombre.

Gracias a todas, gracias a ti y lo sabes.

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