… pensándote, protegiéndote.
No te doy más importancia, ya no tienes fuerza sobre mí.
Aunque seas un parásito que me roba vida.
Aunque seas la peste del alma que me tortura.
Hasta aquí llegamos.
De ahora en adelante, me servirás a mis propósitos.
A mis fines.
Todo lo que has sido hasta ahora, pasarás a ser vagos recuerdos sin fuerzas.
Te lo aseguro.
No tiene sentido continuar con el lamento infinito.
Ni con la auto tortura.
El camino más importante, el de auto perdonarse.
Ya te dejo atrás, sé que te quedas solo, sola, triste.
Sé que sin mí ya no eres nada.
Pero a partir de ahora, lo que significaste será producto de la creación, de la liberación.
Como no puedo negarte, sí puedo hacer que la vida que te quede me ayudes.
Has sido un(a) parásito pero ya no me chuparás más sangre.
Ni siquiera te desprecio, no, ni siquiera te guardo rencor, eso lo dejo para ti.
De ahora en adelante, serás letras de mis autobiografías.
Y te compartiré.
Con dolor.
Con amor.
Con desespero.
Con odio.
Con terror.
Pero te compartiré, sí, te compartiré.
Seguiré caminando de esa forma.

Desde aquí, para todas las personas que me leen.

Un abrazo.

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