…son toda una fiesta, hay actos centrales llenos de provocación y aún más hedonismo, la gente se vuelve más loca que de costumbre, les gusta interpretar el papel que no les ha tocado vivir en el resto del año. Se disfrazan – o mejor – se ponen lo que les sienta bien que no son capaces de vestir el resto de lo largo de su vida.
Los carnavales en Las Palmas son una válvula de escape, una fiesta llena de alcohol y otro tipo de sustancias – que yo personalmente no tomo – y así todo el mundo tiene retazos de felicidad, trozos de éxtasis divino, contactos con los dioses, con los humanos desconocidos o con el papel que representan en los días que dura la fiesta de la carne.
Los carnavales de Las Palmas tienen dos actos centrales, la Elección de La Reina y la Elección de La Reina drag.
Son el Ying y el Yang, los opuestos, el hombre y la mujer, la mujer en su belleza, el hombre queriendo ser un vestigio, un tanto extraño, de lo femenino.
La Elección de La Reina tiene lo que tienen todo ese tipo de elecciones, se busca la belleza del traje y la belleza de la mujer que lo lleva, los nombres de los trajes y la música son más típicos y llenos de tópicos, aunque a veces han ganado aquellas cuyos trajes arriesgaron algo más.
La Gala Drag tiene otro motivo, otra sustancia, los hombres que se presentan se disfrazan con grandes trajes o con ninguno, les acompaña toda una coreografía gestual y unas – cuántas más grandes, mejor – plataformas que sostienen el vértigo de los Drag.
Los nombres que se ponen para englobar el espectáculo y el disfraz nombres rimbombantes, llenos de doble sentido como: “La rana que ata la pata de la cama”, “Flor desierta en el espacio etéreo” “La maté porque lamía” “Perrrrrrrrra sucia en el hogar de ancianos” y un sinfín de títulos que acompañan con gesticulaciones faciales acordes con la canción – en inglés – que suena llenando todo el espacio que les circunda.
Algunas veces casi se quedan sólo con el tanga y haciendo bailes imposibles desde las alturas de las plataformas. Se visten y se desvisten, todo sea por lo genial de la coreografía y por el histrionismo de la fiesta.
Ángeles y demonios, asexuados, vírgenes y prostitutas, monjas y curas, extraterrestres, íncubos y súcubos, todos forman parte del espectáculo para ser coronados, coronadas, Reinas Drag Queen, toda una ilusión para lo cual se preparan durante un año.
Me gusta ver ese espectáculo en directo, deleitarme con ese despliegue de imaginación y fantasía y, claro, echarme unas risas con las caras que ponen.
El presentador y la presentadora, uno de ellos de aquí, el otro es un famoso de turno siempre relacionado con la vida loca del carnaval, de la fantasía, el teatro y la locura.
Presentan uno por uno a todos los participantes en medio de las risas del público, admiración y aplausos.
– Atentos al siguiente participante, “Vertebrada en El Planeta de Los Simios”, nos va a sorprender con un traje diseñado por ella misssssmaaaaaaa….
La música empieza, estamos en medio de una locura luminosa de rarezas consentidas por los presentes.
– Admiren al siguiente artista con un diseño de diferentes patrocinadores, “Aristas en las estrellas de las guarras de las diosas”.
Este me causó mucha risa, no se le notaba profesional, los labios no coincidían con la letra de la canción que sonaba, pero era muy simpático, algo regordete y con descaro, parecía que debía una promesa a la Virgen de cualquier altar de carretera para hacer aquello.
El presentador continuaba con los diferentes artistas, hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien. Uno a uno fueron pasando los diferentes nombres, “Acabemos con la castidad, coño”, “Mi novio también es un zombi”, “Cómo no morir en el intento de ser blasfema”, “Partirme el culo, qué ilusión”
Todos me hicieron reír mucho y asombrarme con la originalidad de los diseños.
Pero llegó un drag que me llamó la atención, su energía, su fuerza, empuje me dejaron asombrado, su traje era rojo, con una capa y unos cuernos que le sobresalían de los pocos pelos.
Las plataformas eran grandes pero representaban unas patas de cabra, las manejaba con una ligereza como si realmente fuesen parte de su cuerpo.
Podía escuchar la música atronadora, original, secuencias armónicas imposibles, coros desgarradores, unas veces simulaban gritos.
– Desde el infierno nos llega “Satán” con su motivo “Adorarme porque os amo”. Gritaba el presentador casi extasiado ante la aparición de este nuevo personaje cuya presentación fue una risa maléfica, me parecía casi imposible que fuese grabada, era demasiado natural, su boca era perfecta, su forma de colocar los labios, como sus antecesores, a la hora de colocar, de simular las canciones era demasiado real, no parecía una grabación.
Su coreografía era casi insultante, unas veces puso las manos en cruz, otras veces parecía masturbarse con un falo enorme que tenía postizo en el tanga.
La música comenzó a sonar con una letra irreconocible, me costaba entender el idioma, la procedencia, “anob ainmo sibob ovad oge te em da etinev”, “etinev retap retson”, mezclado con gritos de dolor, de pánico, mientras el Drag bailaba al son de los acordes. Entre el público había caído un silencio sepulcral, no se escuchaban las risas como hasta ahora.
Me chirriaron los oídos, reconocía esa sensación y me venían las imágenes de revistas, calaveras, una pubertad llena de programas de radio de fenómenos paranormales y revistas alusivas.
Mis amigos y yo que investigábamos las calaveras en las copas, sonidos en la música heavy, darle hacia atrás a los discos.
Esas imágenes me llegaban pero no podía hilvanar bien de qué iba todo, me sonaba el sonido de la misma frase repitiéndose.
El Drag puso de nuevo los brazos en cruz, adelantó una de sus piernas, viró la cabeza hacia un lado y se quedó quieto con una sonrisa maléfica, se puso una corona de espinas y con una burla en sus ojos hizo una parodia de la crucifixión.
“Anob ainmo sibob ovad oge te em da etinev”, “etinev retap retson”. Repetía la frase de forma cada vez más estridente y más alta con mayor énfasis, con una crueldad latente en el sonido de su voz.
Se elevó la temperatura del aire, comenzó a hacer un calor insoportable, todos sudábamos mientras nos dejábamos llevar por la música y la danza hipnótica que nos ofrecía.
“Anob ainmo sibob ovad oge te em da etinev”, “etinev retap retson”.
Algunas personas sentadas a mi lado ya empezaban a repetir la misma frase, primero mirando hacia el suelo, luego, extendiendo sus brazos.
El Parque Santa Catalina ardía de calor y se impregnaba de un olor que no reconocía, algo quemado, amargo, nos llenaba las fosas nasales.
A duras penas saqué mi móvil y comencé a grabar a las personas que ya empezaban a bailar al son marcado por ese ser, me resistía a hacerlo, pero notaba que algo se iba apoderando de mí, una fuerza que desconocía, puse a grabar el video y audio hacia el escenario.
El Drag me miró con cara lasciva, como si supiese qué estaba haciendo yo en cada momento mientras me sonreía maléficamente.

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