… fue un acto de plena psicomagia como definiría Alejandro Jodorowsky.
Quedamos todos los que mirábamos hacia arriba con la boca abierta y con una extraña alegría, comenzó a acercarse gente que simplemente miraban extasiados en la Fuente Luminosa mientras escuchábamos la 9ª de Beethoven. Salió en todas las noticias, en toda la prensa escrita y de televisión, lo habíamos conseguido, lo consiguieron.
Pero antes de que pasase lo que pasó, la ciudad ardía, ardía de Miedo, de desesperanza, muy duro hacer encuestas por las zonas, gente mayor que cuando hablaban conmigo se les caía la baba de la boca, miradas como nunca de desconfianza y un olor nauseabundo que cubría todas las calles.
El olor a podrido inundaba las aceras, los coches, a las personas, escuchaba el mismo comentario a mis conocidos, cuando tocaba las puertas.
Muchas personas me hablaban de forma que no podía entender, los notaba débiles, pálidos.
“No tengas miedo, pronto terminará todo” Me repetía la voz de Ángeles en mi cabeza y me acordé de su café iniciático. Se me puso el pelo de punta, aún veo a mi padre en cualquier espejo en el que me asomo llenándome de reproches.
“Enfréntate” Ángeles seguía en mi cabeza.
Todo estaba teniendo un matiz de suciedad, las basuras se amontonaban en todos lados, es como si todo el mundo decidiese tomar ansiolíticos para anular la voluntad, para anular cualquier preocupación que la vida les diese.
La ciudad necesita esperanza.
Un cambio radical, que algo muera para que algo comience a nacer.
Un gran suceso, el que pasará esta noche en La Fuente Luminosa.
Era imposible no mirar las emes que ya formaban parte de la arquitectura de la ciudad, pero esta vez con la palabra completa: Miedo, Miedo, Miedo…
Sobre los coches, carteles electorales, las calles, las paredes, la M tenía un extraño color verde enferMo y el resto de las letras estaban impresas, impregnadas, no sé bien, sobre un color gris oscuro: M i e d o…
Con las prisas de terminar el estudio buscando los perfiles que me faltaban y la desconfianza pegada al espíritu de las paredes.
La noche anterior me fui a Agaete, Ángeles me dijo que allí me iba a reunir con un grupo de gente a la que tenía que conocer.
En la guagua que me llevó, todo seguía oliendo a podredumbre, cerré las ventanillas con la esperanza de que si salíamos de la ciudad el aire se tornaría menos apestoso.
El chófer renegaba de todo, hablaba con las personas más cercanas maldiciendo ese olor que no desaparecía, preguntó en San Telmo a sus compañeros y nadie sabía nada, la policía tampoco sabía explicarlo, ni un comunicado de la alcaldesa, todo olía a descomposición.
A medida que salimos de la ciudad el olor fue mitigando, incluso los ánimos los noté calmados, me puse la Banda Sonora de La Vida, el nuevo grupo “Mika” me reconcilia con la vida.
Si me lees lo sabes, sí, M i k a.
Cuando era niño conocí a un aMigo finlandés en Agaete, Mika Petri Nieminem, así se llamaba. Era extraño, un niño reservado, super dotado para las matemáticas y el dibujo, pero falto de alegría para vivir.
Su vida había sido un desastre, su padrastro en medio de una borrachera le dijo que su auténtico padre se había suicidado, yo estaba presente. Mika no lloraba nunca, pero lo noté turbado, no por la vergüenza, sino por un dolor que le desgarró el corazón.
Recuerdo esa escena como si fuese ayer, le dije que saliésemos a la calle.
Yo visitaba su casa para estar horas con el Spectrum 128+ que tan buenos ratos nos hizo pasar.
Mika un día volvió a Finlandia, nos mandamos un par de cartas luego lo dejamos, he sabido de él por amigos en común. Lo encontré en Internet, es un genio del diseño pero se ha vuelto muy aséptico. Mika quería huir de los sentimientos, escribía – recuerdo – acerca de un niño que vivía en un planeta él solo sin que nada le turbase, sin tener nada que sentir.
En ese momento supe que hablaba de sí mismo.
Ahora, en ausencia de drogas sé que hay que llenarse de sentimientos, que hay que dejar que la vida lo ame y lo odie a uno para crecer, aprender, evolucionar…
Espero volver a encontrarlo, sé que lo haré un día.
Llegamos a Agaete, me recogieron en frente de las cabinas que hay en la acera del Bar Medina – mi infancia ahí fue hermosa -.
Llegamos a una casa apartada en El Valle, había una oscuridad encantadora, frente, el Pinar de Tamadaba, a mis espaldas, Las Chubicenas, a mi derecha, el mar, a mi izquierda, San Pedro.
Y sobre todo, encima de nosotros, un increible cielo estrellado que nos oberva impasible desde Heráclito hasta Heliodoro.
Creí encontrarme con gente joven, vaya sorpresa.
El más joven – físicamente – yo, pero las edades estaban entre los 70 años de esos hombres y mujeres.
Estaban felices, alegres, lo noté en cada una de sus miradas, en su actitud.
¿Qué demonios hacía yo allí?
Les comuniqué lo que Ángeles me había dicho, insistió que nada de teléfonos y nada de internet, todo era en persona, además, sólo había una frase que decir: “Todo terminará en La Fuente Luminosa”
Me miraron asombrados y comenzaron a reirse con una risa sana, saludable, de auténtica felicidad.
Descubrí que los cientos de años que sumaban todos ellos estaban llenos de alegría de vivir.
No había comido en todo el día, tenían preparada paella, papas con aceite, salpicón de atún, buen vino, y felicidad.
Me hablaron de hambre, de la guerra. Me hablaron de luchar por vivir.
Pero no eran republicanos convencidos, no, había hermanos que se habían encontrado después de la Guerra Civil Española, siendo cada uno de un bando diferente.
Me emocioné al ver cómo los de un bando, los de otro, compartían vasos de vino, risas y buena comida.
Se habían perdonado.
¡No había ni una sola eme en toda la casa!
Y lo seguí comprendiendo todo.
Hablaron maravillas de Ángeles, todos le tenían un venerado respeto, sabían que ella era la que encabezaría lo que pasaría la noche siguiente.
Les hablé de los malos olores en Las Palmas, de la desconfianza, las peleas, gritos, ruidos, cómo todo el mundo estaba enfermo.
Una mujer que se llamaba Antigua, de 94 años me habló y entendí aún más cosas.
– Helio, la ciudad está enferma, enferma de odio, desconfianza, muerte, pobreza, la ciudad se ha ido contaminando con los gases tóxicos, hemos robado al mar, a los barrancos, matado árboles, en pos de un progreso que quizás no ha sido tal.
La ciudad ha crecido demasiado en los últimos años, las personas que viven allí se llenan de egoismo, individualismo, a nadie le escandaliza ver gente enferma y pidiendo en las calles. Todo tiene un matiz cruel estamos ciegos.
Yo asentía a cada una de sus palabras y las reconocía en mí como dolores viejos.
Cada persona tiene una maleta de porquería que carga a lo largo de su vida, y de la que no se libera o no quiere liberarse pero eso también tiene consecuencias sobre la tierra, alimentamos a la tierra con nuestros temores, Miedos, odios…
Ahora la tierra nos está devolviendo todo, en las grandes ciudades de España está sucediendo lo mismo, emes, que salen y que sólo ven algunas personas, las que tienen algo más de sensibilidad. Estamos contaminando todo.
Por eso la gente cae enferma, porque nos devuelve – a su manera – lo que le hemos dado, muchos no saben qué les pasa simplemente están confundidos y les duele vivir, están golpeándose a sí mismos, a las personas que quieren, cada vez más se están poniendo violentos, los que son más débiles caen enfermos de tristeza y apatía.
La tierra está devolviendo golpe por golpe.
Mientras Antigua hablaba había un silencio sepulcral, el cielo estrellado seguía vivo en Agaete, corría una leve brisa y parecía que todo se había detenido para que las palabras llenasen cada espacio de entre las piedras, los grillos, las lechuzas….
– ¿Pero qué solución hay, Antigua? Le dije casi en un ruego.
– Un cambio, una señal, lo que haremos mañana por la noche cambiará todo, o lo hacemos así o se irá acrecentando todo lo que pasa, ahora todo huele mal, la gente está enfermando, pero si el miedo puede más, comenzarán a matarse, fíjate bien que están empezando a haber algunos suicidios, están saliendo en los periódicos como noticias de no mucho interés, pero están aumentando.
La energía de la ciudad está despertando y está transmitiendo lo que le hemos dado.
Hay lugares, como ya sabes, Helio, lo hemos leído en tu blog, que transmiten paz y tranquilidad, las iglesias, el campo, los lugares donde las personas han ido a refugiarse y buscar sosiego.
La energía ahí es positiva, a lo largo de la historia las iglesias han sido un refugio para los males, de hecho, están construidos en lugares claves.
Antigua fue a dormir al poco rato de hablarme y dejarme claras unas cuantas ideas, más tarde me llevaron a Las Palmas en coche en un silencio absoluto.
Ahora, viendo la televisión y leyendo en internet las noticias de los periódicos locales me asombro del cambio que hace dos noches vimos en La Fuente LuMinosa.
En ese momento, viendo el fuego, las llamas, escuchando aquella música y, sobre todo, viendo a cada una de las personas que allí se congregaron, se inició el cambio.

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