… como tormentas y nubarrones que se acercan.
Hoy llueve, cae agua a raudales, Tomás Morales se viste de blanco y gris y en medio, gente que corre para no mojarse en un vano intento de escapar ante las inevitables gotas espontáneas.
Bravo Murillo puede volver a lo que siempre fue, un barranco por el cual corría el agua hacia el mar, hacia San Telmo.
Pero la lluvia siempre es hermosa, limpia todo, deja todo con un extraño sabor a tierra mojada y gasolina.
La espiral aprieta, llega hacia los círculos concéntricos más centrales y a medida que se acerca,comienzan los conflictos.
Ni la lluvia borra las emes.
Ni el tiempo evita que suceda lo inevitable.
Tengo una eme en mi mano izquierda.
El conflicto comienza en casa, ni siquiera entreveo las razones ni las explico, es como un deseo de luchar, de enfrentar motivos para salir ganando, o perdiendo…
Están siendo afectados por lo que corre bajo las venas de esta ciudad, lo noto en sus ojos en su forma de comportarse, en dirigirse a mí.
Pero enfrentarse a mí no es chocar contra una roca, es chocar contra el mar, si chocas contra una roca te devuelve el golpe, si chocas contra el mar, te ahogas, te rodea, soy mar.
Ayer me asusté algo, en televisión vi un anuncio de los premios “M” de la música, estoy paranoico… ¿Es casualidad?
Una hora duró el conflicto, cuanto más alzaban la voz, más la bajaba yo, cuanto más en pie estaban más sentado me quedaba, cuánto más cruzaban los brazos, más los abría yo.
Si venía recto yo cogía los lados.
Mar.
Conflictos.
Todo se resolvió, sí, pero me pica la mano izquierda.
Cada vez hay menos gente por la calle en Las Palmas, me dijeron lo mismo de otros municipios y otras islas. Ayer escuché gritos en varias casas mientras paseaba, la gente en la calle mira cada vez con más desconfianza al que pasa por su lado, con mayor que de costumbre.
Pero ya casi sé qué me pasa, ya casi sé qué pasa.
Algo tiene que romperse para que algo renazca de nuevo.
Hoy – creo – me dan las claves, me explicarán qué pasa con todo esto que de unos días hacia acá me viene torturando las noches.
Antes vi desde la ventana un roce entre dos coches, casi se matan cuando salieron los conductores.
En la cola del super dos mujeres se insultaron porque una de ellas se la saltó.
Niños estaban dándole patadas a un pobre perro desválido – ahí intervine – pero me dijeron de todo – menos guapo – y corrieron hasta perderse.
Una eme estaba pintada sobre una tapa de alcantarilla y justo antes de acercarme la tapa se rompió y escapó un olor pestilente, rápidamente un guardia se hizo cargo de la situación.
Está el ambiente cargado, lo percibo de alguna forma, cuando cogí una guagua y le pregunté al chófer acerca de mi destino apenas me habló, me miró de muy malas formas.
En una calle que hasta hace unos días había palmeras las encontré tiradas en el suelo, rotas, sucias.
Las frentes están arrugadas como si soportasen el peso de toda una vida de preocupaciones.
– ¿De verdad estás viendo las emes? Me pregunta Birgit.
– Sí, claro, las estoy viendo, en todos lados y hay más personas que las ven, ya he podido comprobar que no todo el mundo, que son sólo unos pocos. Me están mandando mails para confirmarme que en efecto, así es, las ven en varios sitios de sus ciudades, sus pueblos. ¿No las ves, Birgita?
– Pues no…
– Ya, de aquí al sábado todo se acabará, me van a dar el resultado, la explicación de todo.
Noté una desconfianza por su parte, no me cree con todo esto pero respeta mi forma de ver las cosas, de sentir y vibrar la realidad que me rodea.
Me duele la Mano.
Mi Mano izquierda.
Estoy escuchando a los vecinos de abajo discutir fuertemente, como nunca, hace un rato eran los de arriba.
Una amiga de un compañero de piso está discutiendo acaloradamente por teléfono mientras me mandaba a la mierda cuando pregunté que si pasaba algo grave.
Vi a Leopoldo María Panero sentado en el parquito que hay frente a casa, siempre lo saludo y durante unos breves instantes lo despierto de su ensoñación para saludarlo, esta vez lo único que hizo fue reirse de mí de una forma disparatada, tan pronto gritaba con sus risas como lo hacía de una forma más moderada.
La gente nos miraba como a dos enfermos que escaparon del mismo sitio.
– Emmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmeeeeeeeesssssssssssssssssssssss…..
– ¡Panero! ¿Qué dices?
No paró de reirse, es un loco divino, realmente, demasiado sensible para esta ciudad, este mundo.
Con su eterno cigarrillo en las manos me miraba de aquella forma especial, casi de perfil, sentado en su banco me miraba y señalaba riéndose sin parar de forma cada vez más estridente y señalándome como en La invasión de los ultracuerpos pero en una versión más aterradora y real.
– Emmmmmmmmmmmmeeeeeeeeeeeesssssssssssssss………
– ¿Las ves, Panero?
– Claro, sol, claro que las veo, mira.
Me enseñó las dos manos, dos emes las cruzaban de un lado a otro mientras su risa era interrumpida por toses para volver a reirse fuertemente.
Corrí desesperado hacia Triana, crucé Vegueta y me topé con la catedral, frente, la plaza de Santa Ana.
Estaba hermosa, no había una sola eme en todo el edificio. La plaza, tenía varias emes que se agolpaban unas sobre otras pero no llegaban a la acera de La Catedral.
La rodeé buscándolas sobre las paredes, nada de nada, si me alejaba unos metros sí las podía ver pero había como una “Zona de seguridad” que no permitía que nada la atravesase.
Me fijé que algunas personas antes de caminar por la acera de la iglesia, y como si algo las empujase, bajaban y se iban lo más cerca de las emes que podían.
Estuve sentado en la puerta calmándome y como si fuese un refugio, la eme de mi mano iba desapareciendo. Muy pocas personas que caminaban en ese momento entraban dentro de la zona que pertenecía a la iglesia.
Volví a dar vueltas alrededor de ella, las emes no llegaban a la frontera de este majestuoso edificio.
Cada vez me fui reconfortando más, apenas me dolía la mano.
No sé cuánto tiempo estuve allí sentado, en paz, en calma, en la acera con las puertas cerradas a mi espalda pero con el sosiego que no he tenido en estos días.
Sé que esta tarde me dan la respuesta a todo aunque ya la empecé a intuir allí sentado.
Ahora que estoy en casa y escucho gritos esporádicos en la calle, en los otros pisos a través del patio interior Mi eMe de Mi Mano sigue presente.

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