… los Bee Gees.
Con estos pelos y esta barba sólo me falta ponerme un pantalón vaquero bastante ceñido (O en su defecto un par de calcetines para hacer bulto) marcando, marcando. Poner voz de “Cojones, me aprientan los huevos”, caminar por una fábrica abandonada a cantar con cara de “No me importa nada”.
Vaya pintas que tengo, necesito cortarme las puntas y dejarme la barba menos espesa. Si se acuerdan de la serie de “Parecidos razonables” mi jeta se adapta perfectamente a la de cualquier cantante gitano, un hindú, marroquí – o también me han dicho fenicio -.
Es cuestión de narices prominentes, sí, mi nariz es grande (Como una vez dije, me despersonaliza la personalidad, me da carácter, vamos).
Pero tengo la nariz grande, cuando era joven me sentía avergonzado por ella, pero ya de mayor, mira, llega antes a cualquier parte que su legítimo poseedor – por ver el vaso medio lleno, reirme de mí mismo y estar orgulloso de mi napia, protuberancia nasal, apéndice desmedido o la gran definición del insigne Quevedo en cualquiera de sus versos.
Luego, esto de ser moreno de piel de rasgos marcados y ojos oscuros, pues en momentos en los que estoy menos alegre y camino por la calle, pintao a cualquiera que busque alienamientos tóxicos.
Sí, tengos rasgos raros.
Hay veces incluso en las que parezco un tio normal, pero – viendo siempre que veo la serie de “Yo soy Bea” me consuelo pensando que “Feos somos más”.
Eso sí, yo no sufriré una transformación, mi belleza está en mi interior (Liiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiindísimo consuelo).
Cuando hago deporte y me tonifico los músculos, gano algo, sí, – pero tampoco es para tanto -. Ahora bien, lo que sinceramente no entiendo y me es incomprensible es el porqué hay mujeres que me miran mucho. ¿Les recordaré a algún pariente cercano/lejano?
No.
Me siguen mirando.
Cuando salgo por ahí incluso ha habido mujeres que me han invitado a bailar ¿No es al revés el asunto?
Ayer le decía a una ex compañera de clase que la veía guapísima y me dijo “Tú también lo estás,” le dije que no, que normalito como siempre, la mujer mayor de al lado me dijo “No, tú eres precioso”.
¡Precioso, me dijo que yo era precioso!
¡Ay…!
Nada, me pongo la coleta, escucho a Joao Bosco en lo que llego al trabajo, sigo con mi libro de Stephen King y nada, a seguir viviendo que la vida es para eso.

Ah, para muestra, un botón.
Pica sobre ella para que la veas aumentada.

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Un abrazo.

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