…de los sueños velados.
No cae el párpado eterno de mi fijada mirada, ni tan siquiera se aquieta mi mente a las horas más nocturnas.
Mueren las horas rodeadas de obscenas oscuridades impenitentes y no me calma el alma calma del mar de amar.
No veo las estrellas en esta oscura noche rodeado de cuartos cuerdos de paredes omnipresentes intransigentes como el eterno velo del sueño partido.
Soy ahora el transeúnte navegante saltando entre sueños y recuerdos golpeadamente dementes. No me acalla canalla mente aquella que siempre me menta, miento, miente y así reviente entre entes solubles de soles, nubes.
Y pasa uno tras otro el eterno venir y devenir del seguir siguiente segundo que secunda irremediablemente, invariablemente mi eterna mente.
No espera mi ciencia conciencia – a ciencia cierta – que cierta velada de alas aladas vagan – de puro vagas – por el medio de mi miedo y noche cerrada y erradas horas caen como hordas sordas del ruido de mi presente.
Aquieto el susurro callado que se torna volátil, transparente traspasando, a tenor de lo visto, el recuerdo candente de repente y su humus transparente que de humo aireo el aire pesado, turgente y urgente expira mi nada piadosa sin diosa bocanariz.
Conveniente es el velo que queman las velas veladas consumiendo consecuentes cada pensamiento pegado al pavimento de mis arrugadas cadencias y encias gastadas en la cueva de Adán de Eva, de mi mente.
No se relajan alhajas mimosas y construyen el muro oscuro, certero, tentando a Onás, a Heros, cadenciosa la mano preciosa que relaja el relax empero entero que cubre en un vano fuero de calmar la calma de mi mar mente rápidamente y queda en la ilusión gastada de la semilla límpidamente que en vano no pemite el vuelo del velo y queda sólo y seco lo que pudo ser la calma de ahora, de siempre, del sueño buscado con lo que se dijo pecado.
Termina y mina la gloriosa Mayor, Osa, de la noche que no veo y creo que el día abriga el abrigo de la Daga de Orión que clava al crepúsculo naciendo, siendo, el sol como Helios, Ra, yo, el sueño dueño de mis horas, todas, del cielo al suelo, del tránsito, al velo.

Un abrazo.

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